20.1.10

Dating season

Yo quería escribir el lunes, al llegar, pero no supe. Porque hay veces en que uno necesitaría que le subtitulasen las escenas, aunque sea así. Como le decía al Chico del Entusiasmo, estoy acostumbrada a mi propia esquizofrenia, y la sobrellevo; pero que de pronto todo el mundo esté más loco que yo resulta un tanto desconcertante. Frases descontextualizadas, frases inacabadas, frases sin verbo, frases contradictorias. Unas cosas muy, muy difíciles de interpretar, salvo que cuentes con un fantástico equipo multidisciplinar como el que hace la casualidad un martes por la tarde en el DeCine, con el Chico Escritor y su libro de jugadas telefónicas (a la cartera, ya), el Chico del Entusiasmo y su capacidad inaudita para verlo todo por el lado bueno, y la Chica de las Sonrisas, que puede que tenga una cierta facilidad para meterse en situaciones de las que no sabe salir, pero reconoce que también tiene un cierto despiste crónico a la hora de meterse en situaciones en las que querría entrar.

Mucho mejor en cualquier caso después de esa Coca-Cola.

Y del arranque ultrasociable de esta semana, también. SMS a las 8 y media de la mañana proponiendo planes de sábado. Yo pensando en la gran sabiduría de la Chica Rubia, que quiere reinstaurar en España el concepto de cita. ¿Por qué no es así de fácil? "Oye, hacemos una de cena y cine y si no va bien, pues no nos vemos más; si va bien, me acompañas a casa y me besas en la puerta y nos volvemos a llamar". Como sistema, desde luego, tiene muchos menos problemas que el nuestro. Que luego una va por ahí quedando con todo el mundo a tontas y a locas y hasta que no le preguntan no se da cuenta de que no sabe de qué va la cosa, en general.

Tampoco es que importe mucho. Me reencuentro con la Chica Trotamundos, que ha venido a currar y está, de pronto, tremendamente adulta. También es verdad que la última vez que la vi ni siquiera vivía en esta casa, pero de eso tampoco hace tanto. Me siento chiquitita mientras la miro (aunque chiquitita en plan bien, porque nos chutamos una docena de abrazos nada más empezar, y de ahí en adelante es todo más fácil). Me pregunta por el Chico Cósmico, le cuento, pregunta yahoraqué, contesto yahoratodomedabastanteigual. Me he vuelto una inconsciente. De una ultrarresponsable y ansiosa madredefamiliaenpotencia, a una inconsciente, en tres meses. Todo un récord. Ella me recuerda que hice exactamente el proceso inverso en un tiempo similar, reivindica mi derecho a estar perdida y atontada.

Por otra parte, "nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos". Se nota. Hablamos de educación, de ONGs, de cinismo, de observación participante y no participante. Ya no arreglamos el mundo, aunque es una pena, porque somos visiblemente más sabias.

En cualquier caso, nos queremos a morir, y eso es lo que cuenta. Cuenta tanto que, durante un rato muy largo, dejo de preocuparme porque mi autoestima es cualquier cosa menos auto, y porque su parte "exo" está de capa caída.

Y mola.

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