28.12.09
Refuerzos positivos
Me despierto, de nuevo, a la hora de comer, porque he tenido tantos, tantos sueños bonitos que no quería despertarme. Tengo una tendencia significativa a tener pesadillas, y cuando sueño cosas agradables no hay quien me saque de la cama.
Así que dan las tres y no he ido al psicólogo, no he ido a Ikea, y tampoco he pasado la mañana leyendo los relatos del certamen.
Y cuando me siento bastante "lo puto peor", entonces el Chico Pez al rescate, cambiando una tarde de Sassen en el metro y entrada fugaz a por un sofá por un vamosaikeaamirarcosasbonitasdecolores, y sonrío mil, y me pide capítulos nuevos de mi Física o Química particular (la página de sugerencias de amigos en Facebook es de lo más peligroso), y de pronto el día está lleno de luz.
Así no hay quien aprenda. Al final queda la sensación de que cuanta más agua te llega al cuello, mejor lo pasas...
Actualización: Y además, como no se puede ser más chulo ni más de moratalaz, pues claro que mi sofá cabe en su coche, así que me ahorro el transporte; y además, como no se puede ser más insistente, terminamos montando el sofá, viaje a casa del Chico Cósmico en pos del destornillador mediante; y además, como no se puede ser más mono, no sólo aguanta mis charlas monotemáticas y absurdas sino que no me deja llorar a pesar de lo raro que ha sido; y además, con montones de risas y el resultado fabuloso de que se acabó mi intra-mudanza.
Creo que últimamente lo digo mucho, pero es que es así: soy jodidamente afortunada. Mi vida está llena de personas maravillosas.
27.12.09
Propósitos
Levantarme para recoger al pequeño Kiwi. Que a la mínima, él y Vespa se peleen. Rendirme y volverme a la cama (tras separarlos).
Levantarme a las mil porque tengo una capacidad increíble para hacer de avestruz cuando tengo miedo.
Pero levantarme para tomar notas sobre mis ideas de anoche en dos documentos diferentes que algún día deberían tener 20 páginas por barba; levantarme para leer hasta la F; levantarme para volver a limpiar el salón; levantarme e incluso comer y esas cosas.
Porque, como dijo la Chica India, los últimos propósitos de 2009 hay que cumplirlos (ya que los primeros, a saber dónde andan).
Ayer le preguntaba a la Chica de las Sonrisas qué propósitos tenía para 2010. Me contestó más o menos lo mismo que ronda por mi cabeza. Si nos ponemos a hacer propósitos, acabaremos enfrentadas a un planeta dominado por los baobabs. Si no los quitas cuando son arbustos, después tiene muy mal arreglo.
Y todos tenemos más de un baobab descuidado en el cuarto de atrás de nuestro planeta.
Creo que mi baobab-que-arrancar-en-2010 va a ser la maldita procrastinación. Estoy harta de plantearme, año tras año, que quiero ser una chica sensata que piense antes de actuar; que quiero ser una chica discreta con algún tipo de filtro entre su cerebro y su lengua; que quiero ser una chica ilustrada con algún conocimiento nuevo (al menos mi objeto de aprendizaje sí que cambia de año en año); que quiero ser una chica normal que sepa relacionarse con la gente sin columpiarse de extremo a extremo.
Quizá es el momento de asumir que hay cosas que sencillamente son fallos de carácter.
Así que creo que voy a dejar mi carácter en paz, por una vez y sin que sirva de precedente. Asumir que soy una chica impulsiva y procurar, sin embargo, no sentirme culpable cuando me convierto en una chica mental, siempre con retraso; asumir que tengo demasiado miedo a no ser sincera como para pararme a pensar lo que es imprescindible que sepan los demás; asumir que sé algunas cosas, y que no están mal, y que poco a poco serán más y sin embargo también parecerán menos; y que no soy una chica normal y que, igual, eso "forma parte de mi encanto".
Y dedicar toda esa energía a cambiar las cosas que sí que pueden ser cambiadas.
La Chica de las Sonrisas es absolutamente necesaria.
26.12.09
Limpieza general
Aun así, es raro esto de mudarte dentro de tu propia casa; y miro mis cosas y hago todo lo que puedo para deshacerme de ellas, y pienso en mi Tío Creativo y su casa minimalista para intentar evitar mi tendencia natural a ocupar todo el espacio disponible; pero lo único que consigo es tirar cosas que tampoco resuelven nada y sentirme un poco ajena.
Me encantaría digitalizar mi vida; coger mi ropa y convertirla en "skins" para un avatar; coger las cajas con las cartas y comprimirlas en un .rar; indizar todo lo que he estudiado en una carpeta de archivos y no necesitar conservar pilas de papeles que en realidad dudo que vuelva a consultar en cualquier otro momento de mi vida.
He metido toda mi ropa en una de esas bolsas grandes de los chinos, para pensar que estoy en uno de los outlets de domingo con mis tías y quedarme sólo lo que realmente me guste. He conseguido por fin deshacerme de mi maldita colección de bolsas de tiendas (por qué tengo este punto tan publicista, me pregunto). Pero aún queda la estantería temible, la de "todo esto querría saber". Y aprender a estudiar en un salón, cosa que no he hecho nunca, pero para la que no queda mucho más remedio.
Ayer decía el Chico Cósmico que el problema era que las casas no tenían 300 metros cuadrados. Yo creo que es un poco de síndrome de caracol. Me encantaría no tener que llevar todo esto a cuestas, etapa tras etapa, cuando las cosas más bonitas desaparecen en la marabunta.
Como el cuadro colaborativo que me hizo una vez la Chica Trotamundos, y que reaparece y me mira con los ojos de Winona Ryder y me espeta "Haz lo que tú quieras, o sientas, o imagines".
25.12.09
Conversaciones navideñas
Este es el tipo de cosas que una no quiere oír en nochebuena...
24.12.09
Bitter home
Ojalá, simplemente, las cosas no tuvieran que ser así. Pero no. Shit happens. Y lo que no es shit, también.
Hoy decía mi Tía Sevillana que vivir da mucho miedo en general, y que hay que estar preparado para reconvertirse una y mil veces. Me daba ejemplo de gente con una inercia mucho mayor que la mía. Y yo no digo que no tenga razón. Digo que tengo muchos ratos buenos, incluso buenísimos, que pasan cosas todo el rato, que consigo que me desborden los acontecimientos y mirarlo todo con una sonrisa (e incluso con una perspectiva robada a un sociólogo al que ni siquiera he leído). Pero que cuando uno frena, lo que queda es una pena enorme, una nostalgia gigantesca, un miedo exacerbado. (Lo cual explica, por otra parte, por qué frenaryenfocar es un mantra muy poco eficaz estos días).
El Chico Escritor ofrecía soluciones alternativas para las carencias afectivas y creo que me estoy agarrando a todas. Me vuelvo una chica de llamar y una chica de abrazar y reparto abrazos a gente que me conoce hace 25 años y flipa un poco cuando la achucho, pero y qué.
Necesito abrazos en cantidades industriales, lo cual explica por qué tengo miedo a dormir contigo, por qué vale cualquier cosa que me saque de esa situación con la que, en comparación, las situaciones objetivamente peligrosas se vuelven inofensivas, explicables, aprehensibles.
Pero en fin. Ahora sí que se acaba. Y ahora hay que recoger los trozos y deconstruir. Habrá que ponerse en marcha, aunque no tengamos nada remotamente parecido a un manual de instrucciones y acabemos sustituyéndolo por las encuestas...
23.12.09
Somosaguas es un parque temático
Correr por la carretera pero llegar diez minutos antes de lo previsto, un cigarro que no debería fumarme delante de alguien que debería haber sabido quién era, "desmitificar el marketing", charlas en las que no deja de aparecer la palabra capitalismo como si fuese un ente abstracto y no el mundo en el que vivimos, cerrar por fin mi matrícula, un abandono (pero muy justificado), un encuentro en la puerta de la cafetería, un encuentro dentro de la cafetería, cumpleañosfeliz, cafés en vez de cañas, charlas en chino, folklore somosaguásico (a.k.a. una especie de procesión con ataúdes por la muerte del saber que desemboca en una sentada con cantidades industriales de alcohol), un grupo de trabajo, biblioteca, el tercer encuentro del día (este un poco más preocupante porque si piensas en alguien y aparece, pues da miedo), dos textos para la Chica Mariposa, el libro que he decidido leer estas navidades en lugar de los que realmente tengo que leer, cuarto encuentro (por qué la gente viene aquí a echar el día, me pregunto), osdejoestounmomento que no es un momento, que son montones y montones y montones de páginas, el Delegado en Funciones que me llama al móvil que está dentro del bolso que lleva él y se sorprende porque está oyendo algoasícomosisonaseblur, confidencias, cerveza en vez de café, la clase que debería haber tenido desde principio de curso y la profesora que yo quiero ser de mayor, aprender de Bourdieu, aprender que si Foucault es nietzscheano igual empieza a caernos bien Foucault (y de paso, preguntarnos por qué le tenemos esta manía absurda a Foucault), mevoyamicasa, la Chica Líquida, "tomamos algo a la salida", yanomevoyamicasa, la clase más corta del mundo con uno de los profesores más impresentables del mundo, un ataque de Húmera, un cambio de planes razonable, el bar de la fiesta, un intento de ser buena influencia que no va del todo bien pero que se queda convertido en plan para esta semana, unos post(estructural)its, Foucault pegado a todas partes, un ataque de decir cosas bonitas a las chicas con las que nunca hablamos (somos una minipandi un poco sectaria, a veces), buenas intenciones de aprendizaje colaborativo post-navideño, felicitar la navidaz en triadas (porque, bueno, es algo), un propósito que funciona de manera intermitente, una conversación muy divertida con el Sociólogo Kamikaze (gran descubrimiento), perder a la mitad de la gente por el camino como siempre, una exposición de fotos en algún lugar de Lavapiés, el auténtico cuarto miembro del Piso Peligroso, una presentación desafortunada, una serie de cosas que creo que también eran desafortunadas en general, un baile con sobredosis de sinceridad (y yo no debería bailar pero decir las cosas a la cara me gusta mucho), zapatos esparcidos por el mundo, la chica medio gaditana que me llama "castillitos" y con toda la razón, un arranque de lucidez, una pérdida absoluta de la lucidez para lo que queda de noche, dos extravíos que parecen incomprensibles pero que resultan no serlo, el Candela, un chico divertidísimo que viene a decirme que se ha enamorado de mi nariz, jugar a los gnomos, esquivar al señor muy zumbado, acabar como se acaba esto siempre, pero distinto.
Y además de divertirme, redescubrirme. Escucharme de pronto hablar por dentro. Y recordar cuando tenía veinte años y una cantidad de ingenuidad forzada preocupante, y convertir todo esto en una novela romántica haciendo una compra incomprensible por internet y desde el móvil en pleno impulso y ahora tener por delante un mes para plantearme qué hago finalmente. Pero creo que debería terminarlo. Porque es bonito, porque no es simplemente una novela romántica: es MI novela romántica, y en mi novela romántica las cosas se hacen así o no se hacen.

