4.4.10

Familia no hay más que una (y horas, 24 diarias)

Hace tiempo que no citaba a la Rubia. Últimamente, la Rubia empieza a ser la Chica Holograma. Viene, va, vuelve a venir, y tú casi ni te enteras, salvo que te molestes por preguntarle cómo se encuentra. Ella se queja poco, porque es así de modesta, pero el caso es que está desbordadísima. Con buenos motivos: está montando el negocio que me convertirá en mujer de provecho.

En cualquier caso, y a sabiendas de que no es momento de compararse, leo esto y me consuela, porque a ratos parece que soy la única que se agobia mientras el resto planean viajes y se cuelan en fiestas y gandulean al sol del Retiro. No. Somos la Rubia y yo, al menos, que ya es algo.

Mi casa familiar no es el entorno de estudio adecuado. Tienen un montón de estímulos a los que estoy poco acostumbrada, del tipo de Sálvame Deluxe y QMD! acumulados desde hace un mes para que pueda ponerme las pilas y enterarme de la evolución de la nariz y el matrimonio de la Esteban, la ruptura entre Saray y Gerardo, y de que Ivonne Reyes quiere convencernos ahora de que su hijo es de Pepe Navarro. Temas todos ellos que parecen poco interesantes a priori, pero les garantizo que todo es ponerse. Coge una el Análisis Sociológico del Sistema de Discursos y se sienta de espaldas a la tele y acaba hecha bolita junto a una pila de revistas diciendo "sí, hombre, esta a mí no me la da". Es un fenómeno curiosísimo, lo del corazón. Y como mi cerebro está roto, ya os dije, ahora además me dedico a analizar frases como "Vienes diciendo que ha sido puta y, encima, lesbiana" y me lo paso pipa. Durante un rato, incluso creo que estoy haciendo análisis sociológico. Luego me doy cuenta de que estoy procrastinando, claro, pero ya es tarde.

El viernes se me ha ido en concentrarme en que no soy una mala nieta, en no llorar a pesar del percal, y en ver telebasura.

Hoy he conseguido por fin comprar el regalo de mi madre (desde el 24 de febrero que cumplió años. Nada menos). Con la de noches que he dormido en el Hostal Dos Hermanas, al ladito de Fotoocasión, acabo comprando el regalo en una tienda de Majadalejos, mientras ella pide unas copias. A veces pasa. A mí, en concreto, tiende a pasarme. Soy lo puto peor con los regalos de cumpleaños. Quiero exactamente algo, o si no, espero a querer exactamente algo; y entonces empieza la odisea de encontrarlo, e ir a comprarlo. Que suele acabar seis meses después del cumpleaños, conmigo pensando "ya no viene a cuento". Al menos he llegado. Mejor tarde que tardísimo.

Hemos pasado una tarde relativamente estupenda, con su paseo a la fnac, su representación de Chicago, y su cena en un japonés precioso por el que he pasado mil veces sin fijarme pero que merece la pena (a pesar de que yo no comulgo con la dieta japonesa en general).

Sí, pero el (post)fordismo nos mira con malos ojos. Soy la chica rara que lee a Baudrillard en el entreacto, pero sigo sin saber por dónde narices coger un comentario sobre un tema del que tengo tan poco conocimiento. Plagiar al Chico Escritor mola y quita bastante estrés, pero no se puede hacer siempre. Y lo cierto es que yo abro el documento de Word y apunto ideas, y subrayo cosas y hago anotaciones como me recomienda el señor Conde, pero por dentro, en la pista principal, sólo suena "36 horas".

Y es tonto, pero es. Hay despedidas que no se acaban nunca, y las listas de cosas que no se han hecho no sólo las tengo yo, y a ratos tengo muchas ganas de tener cinco años otra vez. Y estar a punto de mudarnos, pero todos. Y que mi hermana esté por llegar, para inundar la casa de ese olor que no es el AmorAmor que lleva ahora. Y que mis deberes tengan forma de Cuadernillos Rubio y Vacaciones Santillana. Y que en abril haga sol.

2 comentarios:

elchicoquequeriaserbreteastonellis dijo...

Baudrillard... también conocido como Ladrillard.

La abajo firmante dijo...

Pues a mí me mola. Se le entiende fenomenal y dice cosas interesantísimas que me sirven para rebatir muchas de las cosas que últimamente quieren que me crea.

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