12.12.10

Lavapiés

En general ha sido una gran noche, a pesar del estado físico que no ayudaba. Hemos hablado de política, de sexo, de marabuntas humanas por Sol propias de las fechas, de historias de la infancia, de familia. Supongo que como cualquiera que lleve de cañas cuatro horas. Ha estado bien, y aunque no bailemos y haya quien lo eche en falta, las Chicas de Barra (esta vez, Mi Media Infancia y yo, aunque podría estar hablando de La Chica de las Sonrisas y yo sin ningún problema, que para eso sé juntarme con parejas de barra) estamos más que satisfechas.

Y entonces llega Facundo. Que es un argentino que "reparte" compresas con la cara de Carrero Blanco y te lo explica, porque algunos chistes, sorprendentemente, son mejores cuando se explican. Nos pide paciencia y la verdad es que no la demostramos, pero las interrupciones constantes del Chico Recopilatorios son buenas, lo reconoce hasta él. Nos reímos. Mi Media Infancia, a veces, un rato tarde; demasiada cerveza. Mi Media Infancia, a cambio, le demuestra que hay católicos que pueden hablar de sacrilegio cuando se sugiere crear condones con la cara del Papa, y aun así ser majos e incluso tener una cierta conciencia social. Yo, de pronto, me encuentro hablando de "Euskal Herria", y de cuándo nos robaron el derecho a la huelga, y me siento muy, muy rara. Incluso farsante. Aunque sea verdad que mi apellido debería escribirse con Tx y que fui con los piquetes el 29-S, estoy tan acostumbrada a esos reproches de reformista-procapitalista que me hacen por todas partes, que cuando me encuentro en una de estas me parece que llevo una doble vida.

Que, en el fondo, la llevo. Ayer, sin ir más lejos, hablaba con la gente que me paga por escribir cursos sobre los Frenos Personales a la Productividad (nada menos). Cierto es que hablaba de que las putas circunscripciones electorales me dan doscientas patadas y de que los sindicatos deberían darse cuenta de que, salvo nominalmente, nuestro gobierno es de derechas, pero no dejamos de ser "sector consultoría", especialidad RRHH, y yo, para terminar de rematarlo, publicista.

Se lo digo, al argentino encantador. Que toda mi conciencia social está envuelta en un podrido cuerpo de publicista, pero que al menos como tal puedo decirle que su estrategia de pseudoboicot a las multinacionales uniendo a las empresas pequeñas para poder ofrecer lo que aquellas pueden permitirse sin inmutarse mola mil. Por si le sirve, vaya.

El Rey del Laboratorio me estuvo explicando adecuadamente el concepto de gentrificación y creo que viene a ser lo que pasa cuando los publicistas con aires de proletarios acabamos yendo a vivir a Lavapiés. Y sé que no me pertenece. Que soy de corazón malasañero, e incluso, chamberítico. Pero... Me gusta este barrio que imposto. Las cosas como son.

1 comentario:

Mirta P. Brisa dijo...

Totalmente de acuerdo.
Me han dicho que sólo es sacrilegio si el Papa fuese santo, y éste, no creo que llegue a serlo.
;)

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