21.2.10

Caerse y fallar

De esta, igual, aprendemos a pedir. Porque cerré el documento de Word y hubo algo parecido a un mensaje de estoyaquí, pero también ha habido un catarrazo jodidamente inoportuno, así que el finde ha sido cualquier cosa menos espectacular. La gente va por ahí saltándose el doble pibón, y mi participación estelar se limita a mandar mensajes de madrugada diciendo que mi móvil está apagado o fuera de cobertura.

Bueno, y la Guía del Autoestopista Galáctico, que me parece tan fantabulosa que voy a empezarlos todos otra vez en cuanto acabe el quinto. Tengo la sensación de que si todos viésemos la vida como Douglas Adams, el mundo sería un sitio un poquito mejor. O por lo menos, mucho más risible, que ya es algo.

Al menos, quedan las visitas breves y las continuaciones a horas intempestivas. Porque hemos aprendido a no hablar ruso, pero el folclore ruso, a veces, tiene su aquel. Y porque estoy de un ñoño mareante que casi no me cae mal la versión de Grey felizmente casada (estoy enferma, oigan. Las enfermedades sin televisión no son lo mismo), que la sesión de psicoanálisis de la Chica Asturias dura el doble una vez que nuestro sentido común encarnado en Chica Rubia se va a hacer cosas de provecho, que me encuentro con la Chica Líquida y lo único que hago es agarrarla del brazo y decirle que todo lo que le está pasando es jodidamente maravilloso mientras ella intenta aterrizar.

Pero es que, insisto, la vida sería mejor si la viésemos como Adams, y Adams dice que el truco de volar es aprender a caerse, y fallar. Y estamos trabajando en ello.

4 comentarios:

elchicoquequeriaserbreteastonellis dijo...

OK, computer

P dijo...

Comprendo que volar sea caerse y fallar muchas veces. No sé si así se alcanza cualquier cosa, pero volar, sin dudas (dicen). Mi pregunta es: ¿se puede poner un colchoncito abajo, por lo menos?

Lo inmanente a todo

La abajo firmante dijo...

Sí, hombre. Así no tiene ningún mérito.

P dijo...

Más o menos meritorio, no me va a negar que nos evitaremos tener la ñata como la de un camión (de esos que no tienen trompita, porque si no la comparación no tiene sentido).

Lo inmanente a todo

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