15.11.09

Ñ

Ahora que no hago más que leer sobre identidades, incluso ha cobrado sentido eso de llamarlo a todo por la eñe (aunque Pretty in Black y yo no sé muy bien cómo decidimos utilizar esa letra y no otra, para nuestro código de honor interpersonal).

En concreto, la última Eñe es Eñe de Festival Literario, viernes y sábado (con importante escaqueo por mi parte el sábado), Círculo de Bellas Artes, y el Chico Escritor.

El Chico Escritor, al que termino mirando fijamente y diciendo que debe olvidar lo de ser escritor, porque me temo que está mejor educado que la bohemia literaria española, y empieza a parecer incompatible.

Fue una tarde curiosa, muy curiosa. Para empezar, si alguien creía (como, ingenuamente, yo misma) que la americana de pana estaba muerta y enterrada, que se olvide. Uno no puede ser un escritor-editor de prestigio sin una buena americana de pana, parece ser.

Tópicos, tópicos, tópicos. El Chico Escritor se revuelve contra los reflejos de la luna en las superficies líquidas, y yo le contesto que si los tópicos se fijan, es porque funcionan. Pero hay cosas bastante asombrosas. El hecho de que los argentinos parezcan tener la necesidad, simplemente por nacionalidad, de quedarse anclado en el realismo mágico para siempre. El de que si uno repite "a veces yo; a veces, no" durante 20 minutos no se llame cansino, sino "performance". El de que alguien aproveche su fama para presentarse a un concurso bajo seudónimo dejando claro su nombre en la segunda línea. El de que en una entrega de premios en la que una actriz está declamando los principios de los relatos ganadores, vaya la gente a tener encuentros alcoholizados al grito de "¡Cuánto tiempo!".

Si son escritores-editores, llámalo equis, llámalo eñe, ¿qué les costaría tener un poquito de respeto por su supuesto objeto de pasión? ¿Por qué la gente respeta tan poco el trabajo y el tiempo de los demás?

El Chico Escritor y yo salimos después de un concierto de Josele Santiago en el que no me destrozo un pie para los meses siguientes (todo un avance) como si nos hubiera arrollado una apisonadora. Ocho horas y media de charlas de alto nivel intelectual, de pajas mentales asociativas que te obligan a abrir todas las puertas de la cabeza, de esfuerzo por aprender caras y nombres, y, sobre todo, de un titánico intento de no partirle la cara a todos esos malditos intelectualoides que no saben usar la cultura que pretenden estar fomentando para mejorar la convivencia cívica. Hay que joderse.

Como le decía a Blue el otro día, que uno se cultive no implica que dé frutos. Nunca estuvo más claro que el viernes.

2 comentarios:

elchicoquequeriaserbreteastonellis dijo...

Hey! No me dijiste eso, no? Yo no lo recuerdo, igual estaba dormido... Besos, g.

Jane dijo...

ocho horas y media de charlas de alto nivel intelectual? el horror... si es que a esas cosas hay que ir y conocer gente y hasta incluso hablar con ellos en su mismo dialecto, pero hay que salir de casa preparados y teniendo completamente claro que vas a encontrarte con una serie de personas a las que te van a entrar ganas de abofetear en cualquier momento... lo más desquiciante de "la intelectualidad" es su capacidad para vivir al margen del mundo... al menos, para mí.

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