14.5.08

Desde la ciudad hostil

Me ahorraré la crónica de mis últimos y estrepitosos fracasos para pasar a la parte del columpio desde la que el mundo puede ser un lugar maravilloso. El Psicólogo pregunta: "¿Algo más?" y a mí se me pasa todo de pronto, y sonrío mucho. Tengo demasiadas trotamundos a mi alrededor, y ella ya no está en Torino, así que la dejaremos como Mi Media Infancia. Me he reencontrado con Mi Media Infancia. Y si algo he echado de menos estos años era conocer a alguien que me hubiera visto crecer, que me conociera con falda de tablas hasta media pierna y camisas de rayas siempre con un pico fuera, desdentada y con diadema, con tartas de dinosaurio y hermanas bebés. Alguien como la Chica Trotamundos (esta sí se va a quedar así, genuina y auténtica, porque Granada se le queda muy chica), que cada vez que venía me colocaba una sonrisa en la boca porque sin hablar del pasado, uno siente que tiene pasado, que no se ha caído aquí proveniente de ninguna parte, como muchas veces lo he pensado. Existe vida antes de agosto de 2003, e incluso existe vida antes de octubre de 2002, existe vida de los noventa, ramas de ciprés para barrer nuestro lugar en el mundo, espionajes a ciclistas, ataques de risa, primeras visitas al videoclub, primeros cigarros, toneladas de diarios escondidos bajo un colchón, escapadas tempranas de nuestras casas, tardes de viernes, regaliz rojo.
Todo eso existe y se hace presente cuando me topo con Mi Media Infancia en Tribunal, nerviosa porque el cajero automático me la ha jugado y llego tarde, nerviosa por sus dos toques, nerviosa por lo que me vaya a encontrar.
Pero lo único que encuentro es a ella, y eso está fenomenal.
El Lola Loba sirve de pantalla a nuestros resúmenes de noticias, y no me siento triste, ni mucho menos, ni siquiera horas más tarde, después de abrir por fin la botella de Parxet y de llamar al chino.
Tengo unas ganas enormes de abrazarla durante un par de meses, por lo menos. Para recuperar el tiempo perdido, y, también, sobre todo, para demostrarle que hasta los sitios hostiles guardan abrazos escondidos. Decirle que todo va a ir bien y asegurarme de que lo sienta, más allá de invitarla al cumpleaños del Chico Escritor y pensar en opciones de trabajo. Tengo unas ganas tremendas de decirle que si nos hemos encontrado después de media docena de años, si podemos seguir riéndonos y cotilleando, si a ella no le molesta mi acento madrileño y a mí me encantan sus "mamma mia", si toda esta tarde ha sido real, quizá Madriz pueda ser un sitio donde estar.
Para mí, un día, Madriz dejó de ser la ciudad del millón de cadáveres. Espero colaborar para que para ella llegue un día donde deje de ser la Ciudad Hostil.
Y con las energías puestas otra vez, aprovecho estar desvelada para encontrarle un hogar a mis padres que les satisfaga a todos y demostrarles, también a ellos, que este no es tan mal sitio donde estar...

4 comentarios:

salvajuan fernandez dijo...

¿Columpio o tobogán?

Jane dijo...

=->
Supongo que así me siento yo cuando hablo cada cuatro meses con mi prima o cuando nos juntamos la chica tonteo, la chica rococó y yo (aunque ellas llegaron un poco más tarde, ya no había cabañas en árboles ni robar tablas de obras... y de más peque, bueno, para eso están los primos)... no hay que olvidar los regalices rojos.
Un saludo a tu media infancia (porque creo que la conozco, ¿no?)

Anónimo dijo...

El otro día andaba pensando que no veas lo que les gustaba beber y fumar a las niñas de Urbis eh!

Al final voy a pensar que no me crié en un sitio muy normal...

Saludos desde aqui abajo

Miki

Minyacairiel dijo...

Columpio, columpio. Subir por el tobogán es dificilísimo (me refiero por la rampa, claro).

En cuanto al anónimo este (:P), ¡empezasteis vosotros! En fin, la memoria selectiva es lo que tiene.

Y a Blue... ¿Tú conoces a mi Media Infancia? Wow.

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