31.12.07

Cuando House existe

Para que se hagan una idea de lo que es la Sanidad madrileña, en estos momentos estoy celebrando que no me cojan el teléfono en el ambulatorio. Mi madre está indignada y asegura que debería vestirme, salir corriendo y aporrear la puerta porque hoy es lunes y se trabaja, como mínimo, hasta las 6, y por tanto deberían atenderme. Yo le he dicho que me encuentro mejor (paracetamol y mucha agua, que dicen, me cuentan, en El síndrome de Ulises) y que me niego en rotundo.
Odio a mi médico de cabecera. Le odio a morir. Le odio porque llega cuando le da la gana y luego se enfada contigo por llegar a la hora de tu cita, y no diez minutos antes que es cuando te nombra la enfermera, y se hace ilusiones de tener cinco minutos libres y luego se le deshacen, o algo así. El caso es que llegas, te diagnostica una depresión, y luego te dice que a la gente que llora en su consulta la tira por la ventana (y luego masculla algo sobre lo malo que es que le hayan puesto barrotes en la consulta nueva). Y te dicen que cambies de médico, pero su colega de la consulta de al lado entra con radiografías de gente a la que se le están muriendo los pulmones y dice que va a esperar cinco minutos más a ver si se ahoga y no tiene que decirle que no le queda apenas tiempo de vida. Majísimos, los dos. Encantadores, los dos.
Así que mi gripe y yo buscamos un coche en el que colgarnos para subir a Majadalejos a pasar el findeaño. Mejor con gripe que en el ambulatorio, esa es mi máxima.

1 comentario:

Jane dijo...

limón... LIMÓN! ¿Es que no te he enseñado nada? Tsk...

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