9.7.11

Anidamiento (otra vez)

Ayer, el Chico de Ciencias nos contaba que la causa de muerte más frecuente entre las mujeres españolas de entre 30 y 35 años es el suicidio. "Más que accidentes de coche. Más que cáncer."
Y no hay campañas en la tele contra el suicidio, por todos esos motivos que ya nos dio Durkheim y por alguno nuevo que seguro que se han inventado en Autocontrol.

La conclusión evidente es que el reloj biológico es una cosa mala, así que entré en bucle hablando de mi pequeño Nietzsche. No me pregunten por qué, ahora mismo me veo montando en bici arrastrando a mi pequeño westie conmigo para llegar a un piso vacío con balcones con macetas.

En la práctica, soy pobre como las ratas, no tengo una rutina que me permita responsabilizarme de un perro, y las plantas se me dan de puta pena. Es lo que hay.

Blue tiene planes de futuro y yo me estoy enfrentando demasiado estos días a mis ex-planes de futuro. Mis vidas pasadas me miran a los ojos y me preguntan si me acuerdo, y el SEO puede ser tu peor enemigo cuando te da por buscar párrafos del señor Amat.

No habrá Plaza Elíptica, ni Candela; no habrá París, ni tesis; no soy ya la Lolita de nadie.

Argumento que me faltan cosas por llorar pero ni siquiera sé si es cierto.

Sólo sé que echo de menos todo lo que pudo ser y no fue, y que ni siquiera sé si desde aquí hay nada que pueda hacer por evitarlo, aparte de angustiarme con ventas a plazos.

Así que habrá que cerrar los ojos y subir la música.

Y olvidarme de hasta qué punto repito mis actos y mis palabras y no pensar ni siquiera que tú no eres él. Porque eso ya sería pensar en ti.

3.7.11

La elasticidad del tiempo

Mi relación con el tiempo es como la que tengo con cualquier otra cosa: ciclotímica. Básicamente, lo que más me gusta hacer con el tiempo es perderlo, hasta que un día me levanto y me da una angustia de morir no hacer dos mil cosas más de las que hago. Y entonces me enfado con la tierra por la velocidad a la que gira y conmigo y con mis ritmos circadianos.

Creo que podría coger esa frase y cambiar todo el rato unos sintagmas por otros y definir todo lo que hago con todo el mundo, con cada cosa.

En fin.

Hace un mes exacto que no publico en el blog profesional; hace una semana que no le hago ni puñetero caso al Twitter profesional. Hace dos semanas que debería haber hecho la compra y aún no he encontrado el hueco. Hace un mes y medio que solo tengo una idea rondándome la cabeza. Hace dos meses que salgo prácticamente todos los días.

Esta noche es el concierto de Kool & The Gang, el miércoles es el concierto de Foo Fighters, el jueves es el concierto de The Pretty Reckless. En dos semanas es el FIB. La semana pasada fue el dcode. Hace dos semanas fue el Día de la Música.

Durante diez días, la Chica India volvió a vivir en Madriz y molaba mucho.

Hace dos meses que trabajo en OK, dos semanas que ya no me parece todo fantástico sino más bien al revés, y dos días que tomé la determinación de prohibirme utilizar expresiones como "guardería", "go get a life" o "por qué no te mueres".

Tú pasas de neurosis obsesiva a némesis cien mil veces al día dentro de mi cabeza. Al menos me obligas a escribir. Eso también te lo agradezco. "Sentir que te gusta cómo eres cuando estás con alguien no es motivo para estar juntos: es motivo para cambiar inmediatamente para parecerte a ti mismo". En realidad, claro que no lo hago todo para ti. Lo hago todo para mí (porque quiero, porque no me lo puedes impedir). Hacía tanto que no lo hacía todo para mí que es una sensación deliciosa y extraña.

Pero lo hago y sé que podría hacerlo para ti y me gustaría saber si sigues pensando, si alguna vez pensaste, lo que pienso yo sin parar. Y, en tal caso, cuánto tiempo más vamos a seguir portándonos como idiotas, y/o si esto tiene algún tipo de solución práctica.

Una que no sea volver atrás en el tiempo y morir inmediatamente antes de que todo se estropee, claro.

Teleport.

18.6.11

¿Cómo pude dedicar un verano entero a esperarte?

17.6.11

¿Te acuerdas?

Hacía años que no decía tantas veces esta frase como este último mes. Desde el lado malo, de sacar a relucir cosas que ya han pasado, que no se arreglan, y que por tanto hay que dejar atrás, hasta el lado de recordarme a mí misma hace una década y pensar que igual no había que dejarlo atrás todo.

Época de cambios en todos los sentidos.

Y, curiosamente, es como si se unieran los puntos.

Porque dejo al Parador de Montañas Rusas (que siempre lo fue, porque fue una continuación encantadora, gafapasta y NickHornbyera de la Paradora de Montañas Rusas, aunque no me atreviera a llamarle así) justo cuando parece que sus consejos tenían sentido. Porque mi vida ya no son estratos geológicos. Mi vida está llena de fallas, como la de cualquiera, y por ella se cuelan lenguas de lava para bien y para mal.

De la última erupción han salido, a la vez, la Chica de los Cachorros y la Chica Líquida en un visto-y-no-visto y que han complementado el bonito conjunto que formamos Mi Media Infancia, su Chico Imantado, el Chico de Ciencias y yo. Y no paramos de mencionar que somos de pueblo, y reírnos, incluso aunque Mi Media Infancia hable de malos recuerdos.

Nos queremos mucho, nos ponemos ñoños, tomamos café, birras o lo que haga falta en muros de Facebook. Estamos. Nos obligamos a hablar. Nos damos cerveza y calor humano e incluso espacio vital.

Y nos acordamos de tantas, tantas, tantas cosas...

Ellos saben, en parte, qué es lo que había perdido. Y por eso me parece precioso que me reconozcan.

Porque no saben cuánto tiempo he tardado y qué poco hace que yo misma me reconozco.

Es probable que se haya acabado todo.

Y ahora, si hay que llorar, se llora, porque será distinto.

1.6.11

Fin de curso

De pronto, la Encantadora Sobrina habla de entregas y parques de atracciones, mi Profesor Extraordinario de juntas de evaluación, los mensajes con remitentes que incluyen psi de exámenes finales, y los eventos de Facebook de últimas sesiones.

Y tengo una vaga noción de ser estudiante, de estar terminando algo, de estar a punto de echar de menos algo que no sé ni si empecé.

Y como soy columpio, decido quedarme con el otro extremo y pensar en vacaciones, comprar videojuegos, tomar refrescos, llevar camisetas de colores y quemarme al sol.

Mejor así.

13.5.11

When it all went OK

Está bien. Mi nuevo lugar de trabajo va a llamarse OK. Porque casi, casi, casi se parece. Y porque realmente es algo así como elprincipiodetodolobueno. O quiero pensar que así va a ser. Que todavía quedan buenas noticias por llegar, o al menos yo las espero con energía. O al menos, no-malas.

Divagación aparte, mi nuevo trabajo es simplemente perfecto. Hoy hablaba con Megan (que no, no se llama Megan. Pero se parece. El nombre. Y ella. En versión chicadeallado, pero tiene un aire) de cuánto margen tiene todo para estropearse y seguir siendo un trabajo muy, muy, muy por encima de la media.

Si en la última entrada hablaba en abstracto, ahora puedo hablar en concreto. Han sido cuatro días tremendamente intensos pero maravillosos. Mi Jefe, que podría ser irlandés pero no, es tan ideal que en la cena que tuvimos el miércoles iba diciendo casi palabra por palabra lo que contesté yo cuando me preguntó la de RRHH qué esperaba de un jefe. Confianza. Básicamente, confianza. Haz lo que quieras pero no me engañes nunca. Tú eres responsable y eres válida: actúa como tal y todo irá bien. No sólo lo dice, claro está. Entré justo en lo que podía haber sido un fallo garrafal si hubiésemos querido convertirlo en un drama y se convirtió en un "no entiendo por qué no me llamáis y me decís las cosas. Ni que fuera a enfadarme. Estas cosas pasan. Ahora cambiamos el plan, y ya está".

Adoro a mi jefe. Hace MUCHOS jefes que no puedo decir eso. Y mira que yo soy de adorar a la gente. Pero me lo han puesto muy difícil. Y ahora, en cambio, adoro a mi jefe y a nuestros jefes. Un señor fundador, uno de los cuatro directores de la empresa, se disculpó conmigo personalmente por el fallo del martes. Por si me había causado algún trastorno. Joder, somos personas. Esto estaba empezando a parecerme inexistente en la vida real, tal como veo el panorama ahora.

El trabajo es lo mejor. Sencillamente, lo mejor. No es que los jefes molen y no te digan nada cuando vienen a hablar contigo y te encuentran jugando al Mahjong. Es que te dicen: "No, por favor, termina. Yo debería jugar más, también; no conozco lo suficiente esta plataforma". Me pagan por jugar. Y por hablar por Facebook. Lo cual no sólo es genial en sí mismo. También me deja mucho tiempo libre para otras cosas. Porque evidentemente ahora ya no me apetece gran cosa jugar cuando llego a casa. Así que igual hasta recupero la tesis. Bravo.

Las condiciones son excepcionales. En la oficina de París tenemos una nevera verde pistacho con cara de muñeco del juego (lo llamare Buh. Por ejemplo) Buh que sonríe, llena de latas de refrescos, y hasta cervezas. Una cafetera Nespresso. Y, a partir de ahí, imaginen. Porque tenemos una terraza con plantitas, un gato adoptado, dos pantallas por barba (ahora me parece tan pequeña la pantalla del portátil... Han creado un monstruo) para que podamos jugar en una y trabajar en la otra, una máquina de recreativos para hacer torneos de videojuegos antiguos, pistolas de juguete que suenan a Buzz Lightyear, desarrolladores que van a las reuniones montados en sus sillas a toda velocidad por el pasillo, directores creativos que deciden adoptar el bar que inauguraban hoy en el local de al lado y piden que les acompañes, responsables de implementación que no salen de la oficina si no les lanzas la pelota de goma, responsables de sistemas que se lanzan las cajas por la ventana del segundo, directoras de RRHH enganchadas a las magdalenas de Starbucks que no tienen llave de la oficina ni la quieren porque así entramos todos más tarde, compañeras de función que te llaman "my ice-cream buddy" y que son adictas a los frutos rojos y saben comer yogures con trozos de fruta sin cuchara, directores de arte que entran en la oficina haciendo un sprint y tienen ataques de risa cuando les ves, responsables de localización que utilizan expresiones como pesetasdedinero para referirse a los minutos de conexión que le quedan al pincho USB, testers que te llevan de cervezas y se pierden por París y que tienen amigas que podrían ser tú misma...

Además de todo esto, parece que va todo bien. Las personas que pueden acceder a las estadísticas dicen que sí, vamos. Se me acercan sorprendidos preguntando qué si yo he hecho algo para que crezca de esa forma el número de instalaciones. Se ríen cuando les contesto que claro que sí, pero que no sé qué y que intentaré averiguarlo por si podemos repetirlo.

Me entienden cuando hablo en inglés, aunque hable fatal. Les entiendo cuando hablan en francés, si hablan despacio. Acabo mandándole mails a mi jefe en inglés porque ya no sé en qué idioma pienso. Megan asegura que mi inglés es excepcional. Probablemente miente o exagera o ambas cosas porque es la única persona que conozco que es capaz de utilizar "Brilliant" dicho con entusiasmo como una estrategia cínica de autoprotección y que encima no se le note. Pero da igual. Más de una vez he dicho que si alguien ha hecho Literatura Comparada es automáticamente interesante. Y además es mi compi, así que más me vale que crea que me entiende. Porque, la verdad, con la otra no me entiendo, y quiero pensar que es el inglés. No todo es perfecto. Sólo es CASI totalmente perfecto.

Pero si no es mucho más de lo que cabe desear, que venga Ra y lo vea.

6.5.11

Motivos para adorar mi nuevo trabajo, vol. I

- Para preparar la entrevista me encargaron meterme en Facebook, jugar a un videojuego, y pensar una opinión crítica.
- Durante la entrevista, hablamos de torturar Sims. Y cuenta como positivo.
- En la segunda entrevista me preguntaron dónde quería tener mi lugar de trabajo. Y a pesar de que fui bastante sincera en casi todo, les gusté.
- La oficina, finalmente, está genial ubicada. Y aún lo quieren mejorar.
- Pagan más de lo que he visto en el 85% de las ofertas en el tiempo que llevo buscando. Y consideran que es un principio. Hasta que empecemos a generar negocio.
- Van en vaqueros.
- Se ríen muchísimo. Y amenazan con frases como: "Vamos a tener que jugar mucho".
- El plan de acogida incluye una semana en París. Con o sin finde, como prefiera. Porque me dejan elegir.

De verdad: me da mucha pena toda persona que no tiene mi nuevo trabajo.