Mostrando entradas con la etiqueta homo faber. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta homo faber. Mostrar todas las entradas

17.11.15

Efefeseiseiscerocero

Cuando mi madre estaba embarazada, el médico aseguró que sería niño. Mi madre no quería juguetes, ropa, objetos rosiazules. Mis cosas, por tanto, eran naranjas, verdes o amarillas. Me movían en un carrito naranja que hacía que todas las miradas se parasen. Nadie había visto un carrito de colores. ¿Cómo es posible que los carritos sean lo único que es para niños pero sin color?

Un vídeo de mi segundo cumpleaños. "Jota, A, jajaja". Un vestido lleno de vasos de zumo de naranja, "umo jaja". El pitido de un teclado pulsado con maldad. "¿Qué haces? ¿Estás haciendo enfadar al ordenador?"

Primero de carrera, Biblioteca de Arquitectura. Alguien, seguramente el Chico Carrá, se había empeñado en enseñarme un libro enorme de teoría del color. Ahí descubrí que mi amor por la química había contagiado a mi amor por los colores. ¿Naranja cromo, o naranja cadmio?

Madriz, año cero. El vacío, la ciudad gris. Tizas de colores en el bolso para intentar humanizar un búnker en el que me sentía mucho más vacía, ahora que sabía lo llena que se puede llegar a estar. Podréis borrar mis palabras, pero no su eco. El eco no fue suficiente. "¿Hay algo que te preocupe?"

Ella. El sentido a las horas aprendiendo HTML en las sesiones de estudio entre exámenes. El 2.0 metiéndosenos dentro, cambiándonos la vida, alejándonos y acercándonos. Su blog, convertido en homenaje, fingiendo haber sido cubierto por una mano de pintura. "Pierrot sonreirá tantas veces como leas esta frase". Nunca creí que fuera por mí. Quizás no lo fue, no del todo. "¿En serio escribes tu diario en Internet?"

"Cualquier trabajo es mejor que uno de oficina". Mi padre pidiéndome que al menos fuera a la entrevista. Aquellos homónimos dando por hecho desde el principio que ya era una pieza. Los preciosos zapatos de la Chica del Fondo de Armario. El punto naranja que se convirtió en una bola naranja entre tres. El primer color corporativo de muchos. "¿Eliges las empresas a propósito para que siempre sean naranjas?"

Una idea en pleno fin de máster, cuando menos creía en mí. Unos pasos tímidos que deshacía enseguida, continuamente. La voluntad de construir como hilo conductor. Así, sí; así tendría sentido. Los arrebatos de esperanza. Y, de pronto, la explosión, el noslanzamos, el vaaserahora. Y luego el miedo que precede al salto. Y saltar. "¿Entonces, lo ves bien? ¿Salimos mañana?"

El Señor de los Animalicos dice que tenemos que hablar del naranja. Cómo vamos a hablar del naranja. Podemos discutir el matiz, el haber cogido el tono con el nombre más aburrido de su gama. Pero no el naranja. ¿Cómo iba a tener otro color mi primer proyecto propio...?

19.10.13

Un cuarto propio

A veces, todo lo que una necesita es un poco de disciplina. Dejar que se dispare el TOC. Contabilizar el tiempo, los gastos. Mirarlo todo desde un Excel. Y en el proceso, aprender a respirar hondo.

No paran de decirme que me meto en más de lo que puedo abarcar, y, objetivamente, de aquí a diciembre es cierto. Pero de pronto siento satisfacción por las cosas que hago. Una sensación de plenitud que es muy distinta a la alegría. Estoy menos alegre, sí, pero soy más feliz.

Un otoño de agotamiento producido por un montón de obligaciones autoimpuestas, pero también tiempo de autocuidados.

Mimarse, alejarse y centrarse. No puedo vivir más que una vez, así que no me queda otra que vivirla al 150%, aunque eso acabe significando viernes de película ñoña por el cerebro frito tras el intensivo alcohólicoemocional del jueves, y sábados maratonianos de estudio.

Estar en casa, asegurar la supervivencia del nido, y dedicar todas las fuerzas a seguir construyendo. Acabada la fase de limpieza (todo lo que resta, fuera), empieza la fase de artesanía (crear cosas que duren).

Así que todo lo que no sea fácil, se queda fuera.

I'm not in love, but I'm going to fuck you till somebody better comes along.

O eso espero. No tengo tiempo, ni ganas, de más.


19.9.13

Realidad suspendida

Hay días en que no sabes qué has desayunado pero de pronto las cosas dejan de tener que ser verdad.

Lo llamo "el Día sin Principios" y me lo paso aprovechando mis escasos conocimientos estadísticos para volverme MUY creativa y rellenar informes que me den la razón en todo. Al fin y al cabo, ¿no trabajamos en un sector que se basa en mentir?

Me descubro a mí misma cambiando unas series de datos por otras, eliminando diapositivas y cambiando unos párrafos por otros y me doy cuenta de que una vez que los maquillas lo suficiente, el Power Point y el Excel sostienen cualquier cosa, lo cual es probablemente el motivo de que el resto de los días de mi existencia les odie.

Hoy no.

Hoy me siento con la Sobrina Fantabulosa a fumar el último cigarro antes de irme de La Gruta (que me está sorbiendo las tardes) y le propongo respuestas que son El Mal, y nos morimos de la risa.

Y me voy a dormir y a limpiar y a querer a Vespa, porque Vespa sí que no tiene la culpa de que yo no tenga principios, y me voy a mi nuevo curso de teatro que ya no mola tanto porque me falta todo el mundo. Que solo seamos cuatro tampoco ayuda.

Pero entonces pasa algo curioso, y es que me dicen que improvise, "¿te acuerdas de ese día, sí, mujer, el del OVNI?", y en lugar de tener un ataque de pánico y huir me metamorfoseo en monologuista, y sin saber cómo me he convertido en la graciosilla del grupo, y me doy cuenta de todo lo que he aprendido, y echo de menos al Profesor Caótico además de echar de menos a quienes no me dejan adoptar roles que no me van nada, y al mismo tiempo pienso que lo mejor que tienen los principios es que puedes inventártelo todo.

Día de Principios sin Principios.

El problema de los Días sin Principios es que no sabes si se te van a ir de las manos (miren lo que pasó con el Día Internacional de Hablar como un Pirata, y, por cierto, arrrrr!). Así que hay gente que se suma y en lugar de aceptar tus propuestas razonables para postponer las cosas acaba inventando excusas relativamente poco creíbles y pidiendo prórrogas que una hora y tres cuartos después no se sabe si van a tener fin, y el Día sin Principios acaba como un prolegómeno a otro Día de la Ira.

Aunque Vespa y yo acabemos enganchándonos a House of Cards y haciéndonos mimos, que es una forma fantabulosa de llenar de mimos un Día sin Principios, porque una cosa es no pensar y otra muy distinta no sentir.

13.9.13

Siento en mi barriga la ley de la gravedad

Al final Mi Hermana va a tener razón y mi camiseta de ayer va a ser más hipster que feministadeladiferencia, y por más que grite que solanopuedesconamigassí, la jaqueca no se vence ni con sonrisas, ni con arco iris.

"A ver si es que me he vuelto inmune a las sonrisas por consumo habitual".

El cráneo me da un pequeño respiro cuando lo que le doy no son drogas habituales (palabras, sonrisas, abrazos) sino una cantidad tan inmensa de belleza que sale por los ojos, "Se puede llorar de belleza. Esta es la segunda vez". Que la Chica de las Manos Pequeñas y la Chica Coach sean capaces de haber creado algo tan absolutamente maravilloso me desborda. Las palabras, las pequeñas flores, las flores grandes, la versatilidad, las luces en suspensión, la suspensión de la incredulidad en general, los mapas, los relojes, y, en definitiva, Cortázar, tan grande, tan inmenso, y al mismo tiempo más pequeño que ellas, que se hacen gigantes cuanto más pequeñas pretenden parecer.

Y luego la Chica de los Festivales, y un montón de personas igual de maravillosas, y compartir recuerdos de Erasmus, y "no sé por qué me arrepiento siempre de no haberme ido de Erasmus, si no hay nada que me quede por hacer", y pensar que es cierto, y tener ganas de adoptar gatos, de regalar perros en pareja ("estaréis unidos para siempre porque los perros tendrán que verse", asegura la Chica Punk como si eso de unirse para siempre fuera un buen plan, algo que no acabo de ver por mucho baile mañanero en la cocina que hayamos tenido), de robarle un hijo a la Chica Patatista; y es que mi checklist está casi completa y quiero vomitar arco iris de colores pero vuelve el clavo, y me quedo sin ver a Pretty in Black, y es que tener horarios incompatibles es una mierda.

Y vuelvo con la Chica de los Festivales en un taxi porque la gente del barrio ES BIEN ("nunca pensé que quisiera vivir en otro sitio") y hablamos de vida casidepueblo, de llamadas al telefonillo que no puedes atender porque trabajas en casa, y de trabajar en casa, y de trabajar y no trabajar, y de esa falsa autonomía del que no es emprendedor pero hace trimestrales de IVA, y de síndromes de Estocolmo.

Un enorme SÍ flota en el aire y llega un correo al que le pido unas horas de tregua porque tengo la sensación de que estoy a punto de arriesgar mi piso ("y sentir esas cosquillas en la tripa de cuando empiezas con alguien, pero todos los días, al entrar en casa"), y mis clasesdebailequenoempiezannunca, y mis clasesdeteatroquedanmiedo (empezar de cero, improvisar, conocer gente, echar de menos, querer saltar en vez de cocerme, pero estar muy dispuesta a ser feliz), y mis clasesdeyogaquemeconvalidaelipad (porque de pronto soy consciente de que tres tardes a la semana son muchas tardes, y hago trampas, y me corrijo a mí misma las posturas y asíestoybien), y mis viernes por la tarde, y mis flirteos noctámbulos con House of Cards, y de nuevo el miedo y la pereza y Estocolmo, pero estoy harta de ser camello y ser león empieza a no ser suficiente y quiero ser niño.

Sí.

Sí.

Sí.

12.9.13

"Tú eliges: fordista o emprendedora"

"Vamos, valiente. Salta por la ventana".

- ¿Qué tal ha ido?
- Me están pidiendo que salte por un balcón. Montada en un unicornio y rodeada de arco iris y confeti de colores, pero que salte por un balcón.
- Eso quizás lo entiende tu hermana... Yo voy a necesitar que me lo traduzcas.

Hay gente con un don para ofrecerme cosas que no puedo aceptar. Hace años me ofreció un trabajo absolutamente hermoso y muy por encima de mi experiencia, pero muy por debajo de mis necesidades económicas. Ahora, viene a ofrecerme un reto, justo lo que necesito, pero un reto kamikaze.

Sentir que no tengo nada que perder ayuda, pero no lo suficiente.

Cada día que paso en La Gruta es un día más sin derechos, es un día que pierdo. Mi Tía McBeal me dice cosas que me ponen asquerosamente triste, y, es una pena, pero en mí la tristeza y el miedo van terriblemente unidos. Así que después de pasar una tarde casi perfecta con la Chica Patatista, una tarde de entusiasmo desbordado, de buenas noticias por partida doble, de elevar símbolos a la categoría de criterios diagnósticos, de comer hasta que nos duele la tripita y tomar café en uno de los sitios más bonitos del mundo, una tarde de "pero no hemos venido aquí a hablar de esto", una tarde de hablar de lo otro, una tarde de "yo te adopto" y de sentirse terriblemente viva, acabo enviando un e-mail de síperono que no le hace justicia, que no me hace justicia.

No sé si estoy ante una disyuntiva terrible o ante un falso dilema. En la mano, un trabajo que ya no puedo apreciar con una manada de manatíes a los que no puedo apreciar más, sin derechos, pero con inercia; frente a los ojos, un trabajo que no sé si sé hacer, un sector que me parece bonito, un horizonte con Mi Hermana siendo la Guinea Pig Commander del universo, proyectos internacionales, ser una cliente del demonio en vez de sufrir a clientes tóxicos, un peso gigantesco sobre los hombros, y una incertidumbre nivel encuatromesestenemosquecerraryseráculpatuya.

Y querer saltar por la ventana, y despertarme con un tremendo arrepentimiento y darme cuenta, como al lanzar una moneda al aire, de lo que realmente quiero.

Y lo que quiero no es esto. Lo que quiero es aquello. Aunque tenga que trabajar en Prosperidad, aunque pueda quedarme sin trabajo en cuatro meses, aunque lo haga todo mal, aunque el Chico Propuestas se convierta en Jefe del Infierno, aunque...

Lo que quiero es que todo eso no haga temblar lo que tengo en la otra mano. Mi Hogar, Mis Reglas; bailar, estirarme y jugar; aprender a parar montañas rusas. Portarnos mal hasta las dos porque luego me voy a echar la siesta.

Lo que quiero, al final, es lo que quiere todo el mundo: un puñetero trabajo fordista.

Y me molesta infinitamente no ser tan valiente como me creo. Y me enfundo en mi "Together we can do anything" y tengo muchas, muchas ganas de abrazaros y creérmelo.

29.8.13

Septiembre: prolegómenos

No iba a ser agosto, no. Simplemente, no se puede trabajar después de un despido mental. Llego a la Gruta convencida de que me voy a portar bien, de que hoy casi no se me nota que llevo una semana peleándome con el insomnio (y con la adicción al Animal Crossing que sospecho que lo provoca), de que voy a ponerme los cascos y que voy a quitarme de en medio todas esas cosas que me persiguen hace un mes, y no.

Porque llego a la Gruta y tomamos café y la Sobrina Fantabulosa saca una botella de überJäger (ya aprenderé cómo se llama esa mierda) y porras a ver cuánto tarda el Chico Speed en volverse loco, y porras a ver cuántas veces se suspende la Reunión, y discusiones de dCode.

La Gruta mola muchísimo para todo lo que no tiene que ver con trabajar.

Hace semanas que escribo como no escribía hace años, pero es abrir los blogs de los clientes y me pierdo, y me quedo en blanco. Paso en Facebook más horas que en mi vida, pero hay algo en mi cabeza que convierte cualquier intento de benchmarking en un ataque de procrastinación MUY serio. Los clientes me agradecen que les persiga, pero en realidad no me persigo a mí. Hago mi curro y el de mi hermana y creo que no me da tiempo y en realidad estoy echando horas de menos y facturando horas de más y cerrando los ojos muy fuerte como si fuera Lykke Li en el vídeo de Sadness is a blessing.

Porque bailar en un restaurante rodeada de pseudopersonas que me miran mal me parece un planazo.

Until we bleed.

Me recibe esta mañana en la ofi un vídeo de la Gran Zorra (qué maravilla volver a sentirla tan cerca, tan presente; qué maravilla esa foto a lo Bugs Bunny en las fiestas, qué maravilla esa noche de terraza y ese estrenar mi sofácama en su nueva ubicación) sobre el éxito, la vocación y el esfuerzo; y consigue hablar de un montón de cosas que me molestan y aún así ponerme de buen humor, porque "quién quiere ser realista"; y de nuevo pensar en la conversación con la Chica Punk, y en lo maravilloso que es rodearme de personas que siguen, básicamente, a la patata.

Y pedir teléfonos para poder largarse y quedarse solo con los cafés y los jägercitos y los conciertos y los Whatsapps, y a lo demás, que le den.

Porque hace frío, y eso en mi mundo quiere decir que toca cambiar.

28.8.13

Me apetece mucho empezar a echaros de menos

Hay semanas que se portan fatal, y no hay forma de vestirse sin pasar frío o calor, y todo parece inadecuado. Y sin embargo, septiembre está al llegar (como demuestra la vuelta de la Chica Punk, y las cuatro horas sentada con ella y la Chica Suiza; inicio de la llamada temporadadevisitas), y septiembre es muy prometedor, y eso está bien y es, desde luego, muy apropiado.

Ha vuelto la Gran Jefa Sioux, los manatíes estamos casi al completo (nos falta la sección Junior), hablamos de cañas los martes, cambiamos los cafés larguísimos por los cafés multitudinarios, el Chico Speed baja por las barandillas, el Chico Bífido reparte su veneno a diestro y siniestro, la Sobrina que Molaba se sienta a mi lado y hablamos muy bajito, el Chico TDCC canta como si no hubiera mañana, y "la otra agencia" puede morir si quiere.

Feels like home.

Y sin embargo sigue ese deseo voraz e incontrolable de marchar. Cada vez más vivo.

22.8.13

No se puede trabajar en agosto

Una se cree muy lista cuando se coge las vacaciones fuera de fecha, y todo el mundo se va en agosto, y piensa que va a tener dos meses de vacaciones: el que le corresponde y ese en el que no hay clientes.

Pero en verano el tiempo pasa de otra forma.

El sol acaricia las paredes con auténtica fruición. Se desplaza por ellas sin prisa, sus rayos pegajosos se escurren por cualquier rendija. Y todo parece ralentizarse, y las horas son más largas porque los días son más largos y las personas, más lentas.

Pero ese ritmo no evita que haya noches, que los días se acaben, que pasen.

Y una cree que su máxima preocupación es desplazar el monitor y el teclado hasta que la silla queda justo frente a la ventana y que den las 3, o las 5 menos cuarto, o las 7 y media, porque los horarios en veranos se vuelven ácratas, pero luego los días pasan y Outlook pita, y si antes pitaba un par de veces, ahora pita seis o siete, mientras yo miro a mis tareas juntarse en torno al deadline y lo único que pienso es "Don't worry baby, don't be uptight, don't worry baby, we'll stay up all night".

This is the noise that keeps me awake. El resto, que espere a septiembre.

5.6.13

Duelo cotidiano

1. Negación

07.45 AM: Suena el despertador y pienso "Fenomenal. Estoy despierta. Hoy sí. Ahora solo voy a cerrar los ojos dos minutos y enseguida me levanto. Qué bien. Estoy despierta. Y con ganas y energías".

07.47 AM: Suena la segunda alarma, denominada "Just in case" de forma absurda porque nunca es "por si acaso", siempre es "tremendamente imprescindible". Pienso que los dos minutos no me han lucido nada. Y que no hace falta que me despierte tan temprano. "Bueno, me lavo el pelo pero no me lo seco. Y ya está. Y hoy sí que voy a llegar pronto. Genial."

2. Enfado e indiferencia

07.50 - 08.15 AM: Empiezan las repeticiones constantes y me pregunto por qué cojones me voy a tener que levantar para llegar pronto si ayer el Cliente Especialmente Cansino estuvo enredándome una hora. Pues, qué cojones. Me cojo esa hora. Y llego tarde. Y si no les gusta que me echen. A tomar por culo.

3. Negociación

08.20 AM: Empiezo a echar cuentas. "Si me levanto ahora, entonces aún tengo media hora y puedo desayunar tranquila. O, mejor no, me voy sin desayunar. No, sin desayunar no me puedo ir. Pero lavarme el pelo no es imprescindible. No, no me lavo el pelo. Y me voy en taxi. En vez de en bus. Hala, ya he ganado otros quince minutos."

4. Dolor

08.30 AM: Empieza la culpa. La culpa empieza como una bola chiquitita y ardiente, pero se expande como un Big Bang. "Soy lo peor. Claramente. No estoy dejando dormir al Chico al que Llevé al Barrio. Y esto no es justo, y él no tiene la culpa de que yo no me pueda levantar. Joder, solo he dormido cinco horas hasta que ha sonado el despertador. Con cinco horas no se puede vivir. Ya verás, me iré al curro y la liaré parda. Y esto no tiene sentido. Mierda de todo. Tendría que dejarlo. O tendría que acostarme a las 10. Siempre digo que me voy a acostar temprano y nunca lo hago. No tengo disciplina..." Este bucle de culpa, echarme cosas en cara y autocompadecerme puede durar hasta el infinito.

5. Aceptación

09.15 AM: Normalmente, el infinito acaba sobre esta hora. Me levanto, corro por casa, me sienta mal el café, me golpeo con los muebles, salgo de casa tardísimo, me voy en taxi rumiando porque así luego no me luce el dinero, voy leyendo el correo de camino porque no se puede tener tan poca vergüenza.

Y me pregunto: Si todas las mañanas empiezan así, ¿cómo aspiro a estar de buen humor?

1.12.12

Las vueltas de la espiral

Una reflexión, una sugerencia, tres conversaciones, y de pronto es 2005. Solo que en este 2005 no soy yo, sino que soy la Chica del Fondo de Armario. Y mi hermana hace de mí. Y esto, de pronto, no es mi primer trabajo, sino el suyo. Pero al mismo tiempo, es para mí una casilla de salida. Espirales: estoy en el mismo punto, exactamente el mismo punto, solo que una vuelta más tarde (o dos, o tres. Probablemente no miraba mientras giraba).

"Es normal estar aterrorizado. Es tu primer trabajo. Todo el mundo está aterrorizado antes de su primer trabajo", decimos sin parar. Pero ahora parece que no es normal que yo esté aterrorizada. Y sin embargo, lo estoy.

Ayer hablaba con el Chico que Supo Sacarme del Barrio (nombre provisional) y relativizaba. Se le da bastante bien relativizar. Algo que es exasperante y útil al mismo tiempo. Y no, no tengo que ser la Chica del Fondo de Armario. Pero de pronto siento como si me hubiera convertido en ella y en la Chica de los Niños Mágicos al mismo tiempo. Como hace casi un año, mi armario vuelve a ser una herramienta reveladora. Sí, soy ellas. Sí, tengo más ropa de ir a reuniones que ropa de ir a trabajar a que no me vea nadie. Sí, mi ropa de ir a reuniones es personal e intransferible y nunca podría ser la Chica de los Mil Trajes de Chaqueta, porque esa no soy yo, pero, en el fondo, era parte de lo que admiraba en ellas. Llámenme superficial. Yo lo llamo simbolista.

Pienso en cómo aquella chica que entró en una oficina tras una pataleta propia de los 21 años y la autoimagen bohemia (cualquier trabajo, salvo uno de 9 a 5 sentada en un cubículo sin carácter) para escapar de su trabajo voluntariamente precario que no le había permitido librar más que 48 horas en mes y medio se convirtió en una profesional del marketing, y pienso en ellas, y pienso que sin ellas nunca habría sido posible.

No quiero que mi hermana sea una profesional del marketing. No puedo ser su mentora. Pero sí querría ayudarla a encontrar su propio camino como ellas hicieron por mí. Sí querría ayudarla a salir del cascarón, a sentirse valiosa, a encontrarse consigo misma, a descubrir lo que no quiere bajo ningún concepto. A prepararla para el mundo ahí fuera. Solo que nadie me ha entrenado para ser entrenadora. Solo que este reto tiene lugar al mismo tiempo que otra serie de retos. Solo que si no consigo sacar lo mejor de ella, la primera que no estará a la altura seré yo.

Me encantaría poder hablar con la Chica del Fondo de Armario y preguntarle si estuvo aterrorizada. Desprendía tanto aplomo que cuesta mucho trabajo creerlo. Claro, que a mí misma, Doña Miedos, me decían que envidiaban mi aplastante seguridad hace unas semanas.

Nada es lo que parece.

El Jefe que No Pegaba Consigo Mismo decía: "contrata a la persona; las técnicas, el conocimiento, se enseñan". Eso es exactamente lo que he hecho. Nadie me ha entrenado para ser entrenadora, pero sí tengo muy claro qué clase de entrenadora quiero ser.

Ahora solo queda cruzar los dedos, saltar del avión, y confiar en que el paracaídas va a abrirse y el viaje será maravilloso. Porque pensar cualquier otra cosa no va a funcionar.

13.5.11

When it all went OK

Está bien. Mi nuevo lugar de trabajo va a llamarse OK. Porque casi, casi, casi se parece. Y porque realmente es algo así como elprincipiodetodolobueno. O quiero pensar que así va a ser. Que todavía quedan buenas noticias por llegar, o al menos yo las espero con energía. O al menos, no-malas.

Divagación aparte, mi nuevo trabajo es simplemente perfecto. Hoy hablaba con Megan (que no, no se llama Megan. Pero se parece. El nombre. Y ella. En versión chicadeallado, pero tiene un aire) de cuánto margen tiene todo para estropearse y seguir siendo un trabajo muy, muy, muy por encima de la media.

Si en la última entrada hablaba en abstracto, ahora puedo hablar en concreto. Han sido cuatro días tremendamente intensos pero maravillosos. Mi Jefe, que podría ser irlandés pero no, es tan ideal que en la cena que tuvimos el miércoles iba diciendo casi palabra por palabra lo que contesté yo cuando me preguntó la de RRHH qué esperaba de un jefe. Confianza. Básicamente, confianza. Haz lo que quieras pero no me engañes nunca. Tú eres responsable y eres válida: actúa como tal y todo irá bien. No sólo lo dice, claro está. Entré justo en lo que podía haber sido un fallo garrafal si hubiésemos querido convertirlo en un drama y se convirtió en un "no entiendo por qué no me llamáis y me decís las cosas. Ni que fuera a enfadarme. Estas cosas pasan. Ahora cambiamos el plan, y ya está".

Adoro a mi jefe. Hace MUCHOS jefes que no puedo decir eso. Y mira que yo soy de adorar a la gente. Pero me lo han puesto muy difícil. Y ahora, en cambio, adoro a mi jefe y a nuestros jefes. Un señor fundador, uno de los cuatro directores de la empresa, se disculpó conmigo personalmente por el fallo del martes. Por si me había causado algún trastorno. Joder, somos personas. Esto estaba empezando a parecerme inexistente en la vida real, tal como veo el panorama ahora.

El trabajo es lo mejor. Sencillamente, lo mejor. No es que los jefes molen y no te digan nada cuando vienen a hablar contigo y te encuentran jugando al Mahjong. Es que te dicen: "No, por favor, termina. Yo debería jugar más, también; no conozco lo suficiente esta plataforma". Me pagan por jugar. Y por hablar por Facebook. Lo cual no sólo es genial en sí mismo. También me deja mucho tiempo libre para otras cosas. Porque evidentemente ahora ya no me apetece gran cosa jugar cuando llego a casa. Así que igual hasta recupero la tesis. Bravo.

Las condiciones son excepcionales. En la oficina de París tenemos una nevera verde pistacho con cara de muñeco del juego (lo llamare Buh. Por ejemplo) Buh que sonríe, llena de latas de refrescos, y hasta cervezas. Una cafetera Nespresso. Y, a partir de ahí, imaginen. Porque tenemos una terraza con plantitas, un gato adoptado, dos pantallas por barba (ahora me parece tan pequeña la pantalla del portátil... Han creado un monstruo) para que podamos jugar en una y trabajar en la otra, una máquina de recreativos para hacer torneos de videojuegos antiguos, pistolas de juguete que suenan a Buzz Lightyear, desarrolladores que van a las reuniones montados en sus sillas a toda velocidad por el pasillo, directores creativos que deciden adoptar el bar que inauguraban hoy en el local de al lado y piden que les acompañes, responsables de implementación que no salen de la oficina si no les lanzas la pelota de goma, responsables de sistemas que se lanzan las cajas por la ventana del segundo, directoras de RRHH enganchadas a las magdalenas de Starbucks que no tienen llave de la oficina ni la quieren porque así entramos todos más tarde, compañeras de función que te llaman "my ice-cream buddy" y que son adictas a los frutos rojos y saben comer yogures con trozos de fruta sin cuchara, directores de arte que entran en la oficina haciendo un sprint y tienen ataques de risa cuando les ves, responsables de localización que utilizan expresiones como pesetasdedinero para referirse a los minutos de conexión que le quedan al pincho USB, testers que te llevan de cervezas y se pierden por París y que tienen amigas que podrían ser tú misma...

Además de todo esto, parece que va todo bien. Las personas que pueden acceder a las estadísticas dicen que sí, vamos. Se me acercan sorprendidos preguntando qué si yo he hecho algo para que crezca de esa forma el número de instalaciones. Se ríen cuando les contesto que claro que sí, pero que no sé qué y que intentaré averiguarlo por si podemos repetirlo.

Me entienden cuando hablo en inglés, aunque hable fatal. Les entiendo cuando hablan en francés, si hablan despacio. Acabo mandándole mails a mi jefe en inglés porque ya no sé en qué idioma pienso. Megan asegura que mi inglés es excepcional. Probablemente miente o exagera o ambas cosas porque es la única persona que conozco que es capaz de utilizar "Brilliant" dicho con entusiasmo como una estrategia cínica de autoprotección y que encima no se le note. Pero da igual. Más de una vez he dicho que si alguien ha hecho Literatura Comparada es automáticamente interesante. Y además es mi compi, así que más me vale que crea que me entiende. Porque, la verdad, con la otra no me entiendo, y quiero pensar que es el inglés. No todo es perfecto. Sólo es CASI totalmente perfecto.

Pero si no es mucho más de lo que cabe desear, que venga Ra y lo vea.

6.5.11

Motivos para adorar mi nuevo trabajo, vol. I

- Para preparar la entrevista me encargaron meterme en Facebook, jugar a un videojuego, y pensar una opinión crítica.
- Durante la entrevista, hablamos de torturar Sims. Y cuenta como positivo.
- En la segunda entrevista me preguntaron dónde quería tener mi lugar de trabajo. Y a pesar de que fui bastante sincera en casi todo, les gusté.
- La oficina, finalmente, está genial ubicada. Y aún lo quieren mejorar.
- Pagan más de lo que he visto en el 85% de las ofertas en el tiempo que llevo buscando. Y consideran que es un principio. Hasta que empecemos a generar negocio.
- Van en vaqueros.
- Se ríen muchísimo. Y amenazan con frases como: "Vamos a tener que jugar mucho".
- El plan de acogida incluye una semana en París. Con o sin finde, como prefiera. Porque me dejan elegir.

De verdad: me da mucha pena toda persona que no tiene mi nuevo trabajo.

11.4.11

Más paréntesis

La Chica Mariposa llega a Madrid autoamenazándose: "Según tu planning, tendrías que matarme". Una gran estrategia; si algo funciona dentro de la psicología es sin duda la psicología inversa. Panico, sigo metiendo retrasos en mi regla de tres cursos/días, me encuentro mal, me peleo con gente que considera que tiene derecho a interferir sobre mi malestar estando en uno de los círculos más lejanos a lo que yo entiendo por centro, me paseo con el portátil, saco las mandíbulas como un depredador, me disperso, no entiendo nada, hago amagos inútiles de encerrarme.
Pero, también, soy capaz de pasear por Somosaguas, de comentar objetos de estudio, de hablar de estrategias de tesitadas a las que las exigencias les vienen por cualquier sitio menos desde la tesis, de enfadarme más con los seleccionadores de personal que conmigo, de llevar tirantes, de vestir de rosa, de terracear, de dormir ocho horas, de sentarme en un parque, de cantar a Nacho por la calle, de reírme con ganas, de hablar con gente sin volverlo drama, de tener dramas, de quejarme por la vía convocada, de ir contra mis principios porque estoy cansada para tener principios, de rechazar dos trabajos porque cuando digo no, es no; de conciliar a Mi Media Infancia con el grupo del máster, de estropear tres comidas y que en realidad me importe poco o nada, de quedarme grogui y echar microsiestas, de escabullirme, de no escabullirme, de regalarme un día libre y resignificar un "no he hecho nada".
Y, las cosas como son; hoy estoy mucho más productiva. Los fines de semana, las vacaciones, no son regalos. Son exigencias del sistema para que podamos producir en el período productivo. Así que disfrútenlos ustedes también, pequeños work-a-holics. Por el bien de su carrera, como mínimo.

4.4.11

D ce D

[Este post es un homenaje a la dislexia, y al análisis de contenido. Encuéntrenme. Ja]

[Por otra parte, este post es una reconstrucción desde un e-mail. No tengo tiempo de respirar ni ganas de olvidar]

Mi móvil parece que mola pero es mentira. Porque cuando se parecen a ordenadores tienen que reiniciarse como los ordenadores. Mi móvil es tan listo que se reinicia solo y me pide la clave para que nadie pueda usarlo sin mi permiso. A costa de que cuando me cambian la hora de salir de viaje de las 15 a las 13 yo tenga el móvil apagado y no me entere de milagro. Me da un arranque de creoenlasseñales y le digo al Artequecreícopy que se vaya sin mí, pero es asquerosamente encantador (tanto que me dan arranques INMENSOS de desconfianza) y me viene a buscar a Embajadores. WOW.

Como soy Miss Procrastination 2011, por supuesto que primero he hecho el moñas con el enésimo juego de zynga al que me he enganchado, luego he estado currando cual condenada, y cuando pasa todo esto y quedamos en diez minutos en Embajadores tengo la maleta sin hacer, no me he duchado, y no tengo la reserva ni de la entrada ni de la pensión, así que estamos bien. Corro como en mi vida. De hecho no estoy segura de si corro o tengo un ataque de ansiedad o ambas cosas. Pero mágicamente llego en un espacio de tiempo razonable con mis cositas impresas, duchada, y con maleta.

No le recomiendo a ningún fóbico social tres horas y media de viaje junto a cuatro personas que no conoces de nada y que se conocen entre sí cual parejas. Las parejas creativas son una cosa espantosa porque son como matrimonios. Ir a un encuentro de publicistas es como meterse en un club de swingers que no tienen ninguna intención de cambiar de pareja. Parece que todo es guay y divertido pero en realidad estás fuera de lugar, tú lo sabes y ellos también. Me hago pequeña. Tan pequeña que el Copydelartealquecreícopy llega a preguntar si sigo en el coche. En fin. Cuando se va la Chica Que No Se Resiste A Un Helado, que me produce parálisis seria, algo mejor. Pero para entonces ya estamos en ZGZ y da un poco igual. Respiro hondo y pienso que tiene que pasárseme todo esto antes de la fiesta.

Pero no llego a la fiesta. Como el cuerpo es un ser muy sabio, me baja la regla nada más poner un pie en la pensión. Me doy una vuelta, compro ibuprofeno, agua mineral (lo único malo de las ciudades con río) y la cena, y me vuelvo a la pensión. Me acuesto un rato, hablo con el Rey del Laboratorio y me pongo a currar. Y me he dejado las gafas en Madriz y me duele infinito la cabeza y estoy hecha un pingajo y si hay algo que no me apetece es ducharme, ponerme un vestido bonito que merece el pintalabios rojo que también se ha quedado en Madriz sobre todo para aprovechar que voy a salir sin besar a nadie (lo único malo del pintalabios rojo; pero que es suficiente para que haga un año que no lo uso), y recorrer media ZGZ por pequeña que sea para ir a una fiesta a la que no me siento invitada aunque me hayan invitado.

Así que me quedo currando, que dicen que el trabajo dignifica, y, al menos, me cunde. Me siento un poco imbécil por estar pagando una habitación en la que currar y dormir existiendo mi casa, pero al menos cunde. Y el sábado promete ser largo. Así que bien.

Mucho mejor que bien, en realidad. Porque el sábado es uno de los días más ambivalentes que he tenido en mi vida. Para empezar no consigo levantarme a la hora que quería, así que tengo que salir pitando, y coger un taxi que creo que me estafa. Sigue doliéndome la cabeza y estoy desorientada. Nada de ver ZGZ, que me apetecía (al fin y al cabo vine hasta aquí a regalarme la "discreta libertad" de mis veinte años, aunque viendo la ciudad ahora parezca otra). Nada de nada. Portátil, carreras, y taxista rancio. Llegar tarde a ver al señor que a ratos parece cubano aunque sea catalán (los nombres, insisto, están ocultos a propósito. Voy a demostrar que la monitorización no existe), que mola mucho. Me río, tuiteo, y mientras tanto el powerpoint en el que hago un curso escribiendo a toda máquina comparte protagonismo en mi pantalla, dejando bastante boquiabiertos a los chicos de mi derecha, que serán creativos pero parecen poco multitask (también es cierto que tengo que tener una pintaza de friki considerable). Empieza el tío al que recomendó la Chica de las Manos Pequeñas, y que yo aborrezco, y me siento inmensamente falsa tuiteando las frases que dice que me gustan (y que en su inmensa mayoría no dejan de ser chistes fáciles, pero en fin, de eso vive un timeline) y mascullando "imbécil" cuando dice cosas por las que merece que le pasen cosas malas. Pero, ojo, me voy acostumbrando a este desdoblamiento. Creo. Miro alrededor. Me preocupa muchísimo seguir sin reconocer a nadie. No ver a la gente con la que he venido y con la que se supone que me voy. No ver al Creativoalquepersigoen360 y pensar que igual he venido hasta aquí para celebrar la resaca de personas a las que apenas conozco. Me cabreo. Me agobio. No me gusta mucho lo que veo. Todo el mundo está demasiado bien vestido, bien peinado. Todas las sonrisas parecen falsas. Esta gente deberían ser uno de los colectivos que más disfrutan de su trabajo, y no veo eso. De hecho, cuando llegan los jóvenes talentos la mitad se van a comer y a seguir con su networking y sus cañas mañas y a mí me enerva la falta de respeto, de interés, de quienes sí podrían darles trabajo. Qué narices hago yo allí si tendría que estar en la pensión enchufando mi portátil (que ha muerto) para terminar mi curso, porque, señores, yo no me dedico a esto, si los demás están dando la espalda a la gente a la que van a necesitar mañana.

Uno piensa que es enfermizamente ególatra, y luego va y se rodea de creativos, y se le pasa.

Salgo agobiada porque ya no me da tiempo de ir a la pensión, hasta que descubro lo fáciles que son las cosas cuando uno pide ayuda (siempre se me olvida; les remito a la frase anterior), y una chica me dice que pase a una sala a enchufar el ordenador y una marca de cerveza nos invita a las cañas del aperitivo y soy encantadora con las chicas del mostrador porque intuyo que no les ha mirado nadie (ni siquiera al escote) en todo el día, viendo el panorama, y necesito sobrecompensar a mi manera, y al menos como mirando al río y al sol, que son dos cosas que solucionan casi todo y que combinadas con el Rey del Laboratorio aunque sea en diferido acaban (casi) con mi mal humor. O eso creo (es mentira).

Entro a las conferencias de la tarde, una tía intenta venderme que puedo vivir de mi manera de ver el mundo (putoscoolhunters), un tío intenta venderme su libro durante una hora en plan altermundista (putosjipisquesededicanalapublicidad), aparece el Creativoalquepersigoen360, me saluda, me pregunta por la WiFi y se pira, yo me voy fuera porque no pillo la Wifi, termino el curso, me quedo sin batería por segunda vez, panico, tuiteo desde el móvil porque me abruma que parezca que no tengo nada que hacer ni perrito que me ladre, un tipo da una charla a lo chanante de apps que mola mucho hasta que me doy cuenta de que no tengo un iPad2 (putosgeeksconpasta), pienso en escaquearme, me siento culpable, aparece el Artequecreícopy borracho como un piojo, entramos a la entrega de premios (putoscreativosquesemontansusgoya), la "ceremonia" es un infierno (putostécnicosdesonidomúsicospoprockyarquitectosfansdelhormigón), conseguimos llegar a la cena con más hambre que vergüenza, me pongo mala de comer, me bebo tres cervezas que deben ser de aquí porque no se suben (afortunadamente para todos), pululo intentando que parezca que tengo amigos.

Post-fiesta: bien pensado, me he acercado a una tía a charlar de SU proyecto (un fanzine sobre fotografías que busca "una mirada antropológica sobre la construcción de la identidad a través de formas de socialización contemporánea como son, en este número, las del ocio, en el próximo, fenómenos de consumo", holasoytufan), y quiero resaltar que la tía exponía en jóvenes talentos y no tiene trabajo; he estado intentando integrarme entre la gente de la agencia del Artequecreícopy, que son relativamente jóvenes (tampoco es que la media sea alta), frescos y majos; he mirado con desdén a dos millones de creativos viejunos (para la media) que deben de creerse que el rato posterior a la entrega de premios es una de las escasas ocasiones que tienen para follar gratis a lo largo del año (¿por qué no son gays? ¡Distinguen colores!); he conseguido por fin que el Creativoalquepersigoen360 se acerque a mí y charlemos, claro, de SU agencia, y, llegado cierto punto de la conversación, de SU ego. El Artequecreícopy no para de repetir que la culpa de todo lo malo que pasa en el mundo es culpa de la gente de cuentas. Y de los clientes. Pero sobre todo, de cuentas.

Miro a un lado y al otro y, aunque mira que el Artequecreícopy cuando está sobrio me cae bien, y aunque mira que admiro a la DiseñadoraAntropóloga y al Creativoalquepersigoen360, pienso que si me fui de CAV fue para no competir con egos tan grandes como el mío y que este no es mi sitio. Cojo el PC y me piro.

Cuando entro en el hotel junto al palacio de congresos para pedir un taxi, la mitad femenina de la agencia de nombre entrañable, que se ha llevado chopocientos premios y ha presentado la segunda campaña que más me ha gustado, está dentro sosteniendo a su hija, de unos meses. Y yo sonrío y pienso, "ja. Claro que se puede ser creativa y madre". Me encantaría decirle eso y que me encanta su forma de hacer y de entender la publicidad pero, qué raro, me da vergüenza. Cojo el taxi y estoy a punto de salir de la Expo cuando unos chicos preguntan si podemos compartir taxi. Miro por la ventanilla, y el que quiere subir es la mitad masculina de la agencia de nombre entrañable.

Y pasamos un camino en taxi encantador hablando de venir de groupie a los congresos, de ningunear la comunicación corporativa, de que escuchar a los clientes mola más que impresionarlos, de reconvertir una carrera cuando uno quiera, y de escribir. Y me deja en la puerta de la pensión y no me deja pagar el taxi y me dice que le escriba.

Y me doy cuenta de que de vez en cuando entre tanto ego hay gente que oye, gente que tiene hijos, gente que se mima, y gente a la que no le importan mucho los premios (aunque igual es sólo porque se los lleva).

Y me alegro de haber venido, de repente.

Aunque en el fondo siga pensando que si esto siempre es así, igual no quiero estar aquí siempre...

24.2.11

La parte "lance" del freelance

Desde que mi situación laboral es irregular y tiende a la desesperada, he aprendido varias cosas:

1) Hay algo peor que no tener empleo, que es tener un empleo de mierda. Y volverse paranoica.
2) Hay algo peor que tener un empleo de mierda, que es no tener trabajo. NINGÚN trabajo. Y volverse neurasténica.
3) Hay algo peor que no tener trabajo, que es tener muchísimo trabajo y que nadie entienda cómo tal cosa es posible. Y volverse psicótica.

Llevo desde noviembre, cuando empezo esta cosa rara a la que me dedico de forma profesional aunque en pijama, diciendo que no todo el rato. A las cañas de martes. A los empleos de mierda (sí, a esos también. Mi orden de valores es mi orden de valores, y está bien claro ahí arriba). A los libros que gritan mi nombre desde estanterías diversas, propias y ajenas. A cañas que no eran de martes pero que me pillaban o llegando con el tiempo pegado al culo al deadline, o recién cumplida una entrega (generalmente, con retraso, estrés y drogas legales).

Desde enero, digo que no, además, a esas ganas de fumar espantosas que tengo, afortunadamente cada vez de forma menos frecuente (creo que andan en los 45 minutos). Son cosa de segundos, pero durante esos segundos me arrancaría a tiras la piel del cuerpo. Les aseguro que eso no ayuda a concentrarse.

El caso es que llevo tres meses currando sin saber ni cuándo ni cuánto cobro. Que la cosa empezó prometedora, cuando todo mi agobio era compatibilizar las horas que le dedicaba (unas 25) con las oposiciones y demás. Que, en medio, como suele ocurrir, se me ha ido todo de las manos. Que sustituyo adicciones reales por adicciones virtuales, que hago estimaciones de trabajo que se corresponden con mi vida antes de ser no-fumadora (y que luego implican maratones hasta las mil de la mañana, uno tras otro). Que me meto en la cama y no me apetece ni dormir, porque sueño con lo que tengo que hacer el día siguiente, y para eso, señores, casi me quedo despierta y lo hago.

Y, mientras, la gente me mira mal. Me mira mal porque no salgo tanto como debiera, porque no llamo por teléfono yo primero, porque respondo compulsivamente en Facebook pero no contesto los e-mails, porque incumplo persistentemente mis obligaciones y vocaciones de doctoranda, porque tengo twitter pero lo uso poco (cada una de mis tres cuentas), porque malcomo por no parar a comprar, ni a cocinar, ni a pensar, ni a comer; porque cuando se me pregunta por mis planes de ocio grito y lloro y escupo, porque estoy enfadada con el sistema político, con el sistema económico, y con todas las personas humanas que componemos ambos (no lo olvidemos).

Pero sobre todo, se me mira mal porque no debería quejarme, claro.

No debería quejarme porque tengo trabajo. No debería quejarme porque no tengo horario. No debería quejarme porque no tengo jefe. No debería quejarme porque no se me ha acabado el paro. No debería quejarme porque tengo una familia que quiere estar conmigo a horas a las que yo tengo que estar trabajando (de forma incomprensible, cuando es evidente que trabajo porque quiero). No debería quejarme porque no tengo obligaciones, porque todo lo que tengo son derechos, y porque peor están en Libia.

Y yo sólo quiero que me dejen gritar. Como en Libia. Y si luego me cae una bomba, habrá valido la pena. Aquí no caen bombas, pero nunca grita nadie.

Y que me pidáis que no me queje es sólo la muestra.

1.2.11

Angst

Dos trabajos, ningún contrato. Tres asignaturas, dos directores y un proyecto de tesis, todos abandonados. Un montón de obligaciones que se van acumulando porque en vez de sangre, tengo nitrógeno líquido. Y no puedo moverme, no puedo respirar, no puedo dormir. Sólo puedo ver desde mi congelación cómo pasan los minutos y se me van escapando los deadlines de las manos. Cómo aumenta la regla de tres de horas de trabajo diarias.

Y las expectativas, las putas expectativas. Las propias y las ajenas. Los libros sin tocar, de todos los palos. Las carpetas que no abro. Los formularios que no relleno. Los planes que no hago, porque no sé dónde estaré. Porque no me atrevo siquiera a pensar dónde estaré.

El miedo al miedo. La envidia cancerígena que mueve todas mis palabras como una titiritera. El estar tan angustiada por la espera que estoy dispuesta a destrozar con mis propias manos todo lo que sea necesario, con tal de que no me obliguen a mirar cómo arde.

La sensación general de que sería facilísimo hacer un Kiko Amat.

14.1.11

Pesca de red

Yo juraría que ya había hablado por aquí de esto, pero mi buscador lo niega, así que empezaré por el principio.

El principio es en el Mono, con la Chica Casi Trilingüe, antes de que se volviera holográmica y yo me cambiase de piso y abandonase el Mono salvo honrosas excepciones. Una de esas conversaciones en las que estaba pensando todo el rato que qué lista y qué sensata es esta chica. Hablábamos de una proposición a café de un profesor del que no sabía nada hacía cinco años, y a ella le parecía evidente que, en cualquier caso, había que ir. Dijo que no estábamos en un momento en el que pudiéramos pescar con caña. Que la única opción era lanzar las redes, y confiar en que algo habría dentro al recogerlas. Y que lo primero era la patata.

Verdades como puños.

Así que me paso la mañana revisando el programa del máster del Colegio de Sociólogos y Politólogos, dudando. La sobremesa, con mi Tío Creativo hablando de si tiene sentido o no hacer un máster en marketing digital o un curso de community manager, intentando explicarle por qué creo que trabajar gratis es un daño que haces a la sociedad, recordando que yo en realidad era marketiniana, y tratando de sacarle provecho a mi adicción a Farmville. La tarde, haciéndome un perfil en una especie de Facebook académico, siguiendo a algunos de mis nuevos gurús con la esperanza bastante vana de que algún día se den cuenta de que estoy allí. Escribiéndome con el Chico Samba para evaluar posibilidades bilingües de publicación de nuestro trabajo conjunto. La mañana echando CVs y apuntándome todo lo que tengo que cambiar de mis "presentaciones estratégicas". En un rato bajaré a hacer la compra e intentaré atreverme a poner en práctica mis supuestos nuevos conocimientos culinarios. Quizás incluso me apunte a un concurso nuevo de la tele. Estoy muy enfadada con el vacío que me hacen de Pasapalabra. Con lo maja que soy.

Porque no sé si soy marketiniana (y si sí, no sé si soy de comunicación o quiero ser planner 2.0, o creativa, ya que nos ponemos), si quiero currar en RRHH para hacer etnografía en condiciones (y para cambiar un poco el chip, que también mola), si quiero ser académica insigne (que probablemente sí, pero en fin. Hay que llegar. Y el camino no apetece nada), si me vale con que el correo que espero llegue y tener asegurada la supervivencia otro año, o si toda mi aspiración es ser una buena mujer florero (estar empezando a ver Mad Men no ayuda nada).

En el fondo es el momento de tirar de lecturas y hablar de yoes saturados. Soy todo eso. Y probablemente podría ser todo eso, porque el mundo es bastante indefinido. Otra cosa es que sea cierto todo el discurso de "eres libre, elige tu carrera". Así que, como no depende de mí, yo sigo echando la red. Cada vez más tupida.

Y a ver qué pasa.

3.1.11

Tesitando

Propósito #1: Hacer cada día algo que me apetezca.
Propósito #2: Ser no-fumadora en enero de 2011.

Resultado: me he encerrado en casa. Que va exactamente contra las normas de lo que me dijeron en la consulta, pero es que ya he demostrado suficiente sumisión manteniéndome fumadora los primeros días de tratamiento, con las ganas con que había apagado el último cigarro (cierto es que parece que fue un acierto. Ya no me estoy volviendo loca. Creo). Creo que me aburro, pero es mentira. Me he pegado otro intensivo de limpieza, que son un rollo pero luego quedan bonitos. Me he visto dos pelis en una noche. He jugado al Faraón hasta aburrirme. Y por fin, por fin, por fin, he empezado la tesis de verdad. No en plan llevarme libros al autobús para leer algo en los quince minutos del trayecto y sentirme productiva porque tomo notas. No. En plan psicópata total.

He empezado por el principio (insisto en que soy una desobediente) y me he ido al segundo libro que me recomendó mi Señor Director. Que es lo más. Cada página que leo me encanta. Contiene el artículo que mi padre y yo habríamos escrito a pachas si nos hubiésemos visto más cuando estábamos obsesionados con el mobbing. Entre otros. De montones de autores que no me suenan de nada. Porque no soy socióloga, señores, que no. Estaba buscando donde no era. Resulta que existen personas como yo, y se dedican a hacer Critical Management Studies, que es un poco coñazo de escribir pero mola mil.

Personitas que se parapetan en las escuelas de negocios de las Universidades para decirles a los estudiantes de MBA que mola mucho dominar el mundo pero que igual hay que pensar las cosas dos veces. Que les enseñan que existe Foucault, y que lo que dicen es performativo, y que hay una ambivalencia en las aparentemente maravillosas nuevas formas de gestión de RRHH. Que todos queremos trabajar en Google pero que igual se puede hacer mejor.

E, insisto, son unos valientes. Lo dice el señor que yo creía que quería ser: viven en el corazón de la bestia. Y eso es bonito y hace que apetezca dedicarse a esto toda la vida. Sí. Pero también complica tremendamente mis sueños lúcidos con California. Porque a santo de qué voy a irme yo a un país donde consideran que la Seguridad Social es un invento del demonio a explicarles por qué estoy tan enfadada con el mercado laboral.

[Además, el StreetView de Google es un bicho traicionero que se ha empeñado en demostrarme que ni Stanford ni Berkeley molan tanto como las pintan]

Así que he pasado unas seis horas de las últimas 24 averiguando dónde quiero vivir. Y ahora mismo, mi ganador es Cardiff. Que es un sitio del demonio donde llueve todo el rato y tienen máximas de 15º en verano. Y es Gales, ni siquiera Escocia. Así que igual he encontrado una vocación y un gurú. Probablemente odiaría que le llamase gurú, y eso mola.

Me he pasado otras tantas horas buscándole a él y a sus referentes en la maravillosa base de datos de revistas electrónicas de la UCM que no sé dónde ha estado el resto de mi vida. Jugando con Zotero.

Y luego una prueba de aptitud para un trabajo que no quiero me ha recordado que no soy tan lista como pienso. Y que necesito un plan. Y que lo necesito cuanto antes. Porque la Comunidad de Madriz me ha llamado perezosa, con todas sus convocatorias de ayudas "hasta 31 de diciembre de 2010". Y mi cuenta corriente me llama cosas feas, por encantador que sea el chico de la oficina bancaria. Y la prueba de realidad no me gusta nada en absoluto. Quiero poder creer que va a venir algún banco (lo cual es paradójico) a ofrecerme un billete a Cardiff. Y que todo va a salir bien: que no tendré que dejar el piso, que encontraré un trabajo cuando vuelva.

Ser adulto es aprender a recortar la carta a los Reyes. Así que, queridos Reyes Magos, sólo os pido una cosa: seguridad. Porque esto de pensar que lo voy a hacer todo mal y que decida lo que decida voy a perderlo todo no me convence nada. Y he sido buena, así que tomad nota.

26.1.10

Cosas que hemos aprendido hoy

- Que rellenando dos encuestas puedes conseguir 25€ de descuento en El corte inglés, lo cual es estupendo cuando estás en modo quiero-las-obras-completas-de-canetti-y-las-quiero-ya.
- Que por más que des giros y tomes el camino largo, al final Spotify es muy sabio y pone por su cuenta Miedo a la muerte estilo imperio.
- Que citar a tus compañeros de clase en un trabajo es una medida perfectamente válida. Honestidad teórica, dijimos. Pues oiga, es que esta gente es muy ilustrativa.
- Que el interlineado 1,5 no debería considerarse trampa, porque por más que lo pongas, una vez que el trabajo ha decidido no crecer más, no crece más; y la frontera de las 10 páginas no deja de resultar insalvable.
- Que es mejor ser buena por la mañana y ponerse a estudiar en cuanto que hace efecto el café, por si después hay cumpleaños y cosas similares.
- Que no nos interesa el cine de Béla Tarr.
- Cómo se cita una película para un trabajo.
- Que el trabajo aquel que hice para otra persona era espectacular y que copiarte a ti mismo puede ser divertido.

Esto, en un ratico de nada. Qué buena pinta tiene el día...

21.9.09

Tarjeta de visita

Como os decía, ya no tengo ideas propias, así que he decidido vivir de las ajenas: a partir de ahora, soy productora.
Siempre he tenido ganas de decir, como mi Tío Grunge, "yo me dedico a hacer realidad los sueños de los locos". Y de puta, la verdad, es que daba pereza...