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31.3.10

Recipriversexclusones

La Energía Bistromática es un nuevo y maravilloso método de recorrer grandes distancias interestelares sin todo ese peligroso desbarajuste de los Factores de Improbabilidad.

En sí misma, la Bistromática es una nueva y revolucionaria forma de entender el comportamiento de los números. Así como Einstein observó que el tiempo no era absoluto sino que dependía del movimiento del espectador en el espacio, y que el espacio no era absoluto sino que dependía del movimiento del espectador en el tiempo, así se comprende ahora que los números no son absolutos, sino que dependen del movimiento del espectador en los restaurantes.

La primera cifra no absoluta es el número de personas para quienes se reserva mesa. Ello varía a lo largo de las tres primeras llamadas telefónicas al restaurante, y luego no guarda relación clara con la cantidad de personas que terminan presentándose, ni con las que a continuación se unen a ellas tras el espectáculo/partido/fiesta/sesión musical, ni con los que se van al ver quién más ha venido.

El segundo número no absoluto es el de la hora de llegada prevista, a quien actualmente se conoce como uno de los conceptos matemáticos más extraños, un recipriversexclúson, cifra cuya existencia sólo puede definirse como distinta a la suya propia. En otras palabras, la hora prevista de llegada es el preciso momento en que es imposible que llegue cualquier miembro del grupo. Los recipriversexclusones desempeñan en la actualidad una parte importantísima en muchas ramas de las matemáticas, incluidas la estadística y la contabilidad, formando asimismo las ecuaciones básicas empleadas para programar el campo del Problema de Otro.

El tercero de los no absolutos, y el más misterioso de todos, reside en la relación entre el número de artículos de la cuenta, el precio de cada uno, el número de personas a la mesa y lo que éstas están dispuestas a pagar. (En este campo, el número de personasque han traído dinero es únicamente un subfenómeno.) Las desconcertantes discrepancias que solían producirse en este aspecto no se han investigado durante siglos sólo porque nadie las ha tomado en serio. En el momento se achacaban a cosas tales como cortesía, grosería, cicatería, ostentación, cansancio, emotividad o lo avanzado de lahora, olvidándose por entero a la mañana siguiente. Jamás se han examinado en condiciones de laboratorio, desde luego, porque nunca ocurren en laboratorios, al menos en laboratorios respetables.

Douglas Adams - La vida, el universo, y todo lo demás

Lo curioso es que esto pasa no sólo en los restaurantes, sino muy especialmente con los técnicos de servicio a domicilio. Da exactamente igual a qué hora hayas quedado. Pueden aparecer en cualquier momento, que además, combina la Teoría Bistromática con la Ley de Murphy, de tal forma que, si has quedado de 12 a 2:
- Si te quedas despierta hasta las 5 de la mañana, llegan a las 11.
- Si te tienes que ir corriendo antes de que te cierren las tiendas, llegan a la 1 (y se van a las 2 menos cinco).
- Si tienes clase a las 4, llegan a las 2 (y se van a las 3 y media).

Por supuesto, hablamos de una gente que jamás se va a molestar en llamar para decirte que prefieren pasarse un poco antes de lo que habíais quedado aunque les hayas explicado que tu compi de piso trabaja por la noche, ni un poco después aunque hayas insistido en que tienes que estar a una determinada hora en otro sitio.

Salvo que sigas durmiendo. Entonces sí. Entonces te llaman para decirte que vienen más tarde, te vuelves a dormir, y te vuelven a llamar para decirte que era broma, que van a ir antes. Porque las leyes de la improbabilidad no descansan nunca.

21.2.10

Caerse y fallar

De esta, igual, aprendemos a pedir. Porque cerré el documento de Word y hubo algo parecido a un mensaje de estoyaquí, pero también ha habido un catarrazo jodidamente inoportuno, así que el finde ha sido cualquier cosa menos espectacular. La gente va por ahí saltándose el doble pibón, y mi participación estelar se limita a mandar mensajes de madrugada diciendo que mi móvil está apagado o fuera de cobertura.

Bueno, y la Guía del Autoestopista Galáctico, que me parece tan fantabulosa que voy a empezarlos todos otra vez en cuanto acabe el quinto. Tengo la sensación de que si todos viésemos la vida como Douglas Adams, el mundo sería un sitio un poquito mejor. O por lo menos, mucho más risible, que ya es algo.

Al menos, quedan las visitas breves y las continuaciones a horas intempestivas. Porque hemos aprendido a no hablar ruso, pero el folclore ruso, a veces, tiene su aquel. Y porque estoy de un ñoño mareante que casi no me cae mal la versión de Grey felizmente casada (estoy enferma, oigan. Las enfermedades sin televisión no son lo mismo), que la sesión de psicoanálisis de la Chica Asturias dura el doble una vez que nuestro sentido común encarnado en Chica Rubia se va a hacer cosas de provecho, que me encuentro con la Chica Líquida y lo único que hago es agarrarla del brazo y decirle que todo lo que le está pasando es jodidamente maravilloso mientras ella intenta aterrizar.

Pero es que, insisto, la vida sería mejor si la viésemos como Adams, y Adams dice que el truco de volar es aprender a caerse, y fallar. Y estamos trabajando en ello.