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22.8.12

Son solo palabras

Sentir que algo se te ha muerto dentro. Qué clásico, qué añejo en tantos sentidos.

Sentir de pronto una sensación al tiempo familiar y olvidada, ese puzzle deconstruido con las piezas que no encajan y la parte impresa despegada en las esquinas.

Ese agujero negro, aunque, eso sí, controlable. Una no se pega cuatro años de terapia para nada, eso lo tengo claro.

He cambiado. Ahora cuando tengo mucho, mucho, mucho miedo, me armo de valor, echo un CV a Google y me preparo para otra negativa, que cada vez duelen menos. Es lo que tenemos los niños malcriados, que en el fondo no estamos rotos del todo, que podemos ser educados, aunque sea tarde y con parches. Que es un no, pues es un no. Nunca duelen tanto como el primero.

Se me pasan por la cabeza cosas que daba por desaparecidas, superadas, enterradas y olvidadas. La reacción de mi madre tras la ruptura con el Chico Cósmico, por ejemplo. Las lágrimas que he causado, más que las que me han causado a mí. Oh, welcome back, guilt. Honestamente, no creo que nunca eche en falta sentirme culpable. De todos los sentimientos negativos, es del que prescindiría sin dudar. Que vengan los duelos, los celos, la ira y la tristeza. "Crisis como esta, dame cuatro cada día". Pero que alguien venga y borre la culpa para siempre. Mierda de judeocristianismo. O whatever.

He cambiado, he mejorado y he crecido, pero, a veces pasa, y vuelvo a encontrarme con la losa en el pecho a las tres de la mañana, los hipidos y esa sensación de duermevela causada no tanto por el insomnio como por el miedo indefinido hacia la vigilia. Estar despierto, tener vida, esas cosas. Que cansan.

Pienso, de forma completamente irracional, que si pudiera elegir entre ser increíblemente rica o no estar nunca demasiado cansada, elegiría lo segundo. Luego pienso hasta qué punto lo segundo vendría con lo primero. Y luego cualquier amago de racionalización de esos hilvanes de pensamiento se va al traste, porque finalmente lo reconozco: welcome back to 2009. Afortunadamente no es 2007, pero sigue siendo lo suficientemente claro, evidente, reconocible y datable como para despertar mi instinto de huida.

Es oficial: odio mi trabajo. Odio mi trabajo hasta el punto de que mi vida empieza a resultarme profundamente odiosa por contenerlo. Odio mi trabajo y además sé que incluso dejarlo no sería suficiente, porque ya es tarde.

Ha sido, oficialmente, un verano de mierda y estoy hecha puzzle. Ya me lo sé, así que necesito armarme; y para armarme, necesito dos cosas: una foto final y tiempo para mí. Incluso una tercera: tirar todas las piezas de los puzzles viejos mezcladas con este.

Llega un punto en el que vuelves a ver Anatomía de Grey después de años y solo puedes pensar que no hay amistad en el mundo tan hermosa como la de Meredith y Cristina, y que Cristina tiene mucha razón cuando se pregunta quién es si no puede estar en un quirófano.

Tenemos una manía espantosa de creer que nuestro trabajo es lo que nos define, y eso pesa. Pesa tanto que lo extrapolamos incluso a lo que hacemos fuera. Y si bien nunca me he presentado así, siempre me he creido escritora. Y no saben lo que duele no ser capaz de escribir. Mirar el documento en blanco y pensar que no vas a ser capaz, aunque te dieran otros dos meses. Tener miedo a cada encargo. Pienso que son solo palabras, pero no lo son. Es exponerse. Es exponerse en el momento en el que más frágil me siento, en el momento en el que mi autoestima está tan baja que por mucho que me agache no llego a alcanzarla.

Y creo que no voy a poder mientras pienso que la única solución es que pueda.

9.3.11

Es mi twitter, y lo descuido si quiero

Agotador. Tremendamente agotador. Si parpadeas, te lo pierdes. No sabes ni cuántas cuentas retuiteando el mismo artículo copiado de un blog americano. Un maldito floodero (así los llamábamos en IRC. Ahora no sé si tienen nombre) cuelga los enlaces a sus post doscientas veces al día, llenos de hashtags. Una competición brutal por ser el más ingenioso. Una angustia vital en forma de actualización compulsiva de hootsuite. La sensación de que algo está yendo mal si no recibes ningún estímulo internet-cio en el plazo razonable de cuarenta y cinco minutos en que bajas a comer con tu madre y tu móvil nuevo con Android.

Así no se puede vivir. Qué quieren que les diga.

Se me ha pegado el objeto de estudio. Me paso el día haciendo personal branding en lo profesional, analizando el personal branding en lo académico, y sufriendo el personal branding en lo personal. Me promociono, me autopsicoanalizo y me desprecio en una simultaneidad esquizoide que vive un 60% en Internet y un 40% en la vida real.

Y, qué quieren que les diga. Cuanto más me esfuerzo, más asco me da todo en general.

Una regla principal del personal branding es comportarse como un adulto (es decir: cínico, hipócrita y bien pegadito a la curva de la media a ser posible). Ser diplomático. No mostrar ningún indicio de tener una inestabilidad emocional que te coloca permanentemente en la adolescencia. Obviamente, no es mi técnica.

Pienso en crearme identidades borrokas (la cuarta. Sería la cuarta. Y todavía las hay que sugieren que sean colectivas. Que igual no es mala idea. Pero que me siento suficientemente Sybil ya) para sacar fuera toda esta frustración, estas ganas de gritar, de vomitar, de ser desagradable, violenta, intempestiva, irracional, impulsiva. Pero no lo hago. Así que llegados a cierto punto de presión la identidad que ande rondando termina siendo borroka. Y eso es peligrosísimo, me dicen por todas partes. La gente no te quiere. Los "reclutadores" no te contratan.

De verdad, no puedo más.

Hoy he descubierto que ya soy la chica que quiero ser de mayor. La pena es que ella ya está embarazada y ya es escritora insigne. Yo sólo me quedo con el resto. Con la neura, la palabrería, y el miedo atroz a las exigencias.

Hago trampas y pierdo, ¿se puede ser más tonta?

1.2.11

Angst

Dos trabajos, ningún contrato. Tres asignaturas, dos directores y un proyecto de tesis, todos abandonados. Un montón de obligaciones que se van acumulando porque en vez de sangre, tengo nitrógeno líquido. Y no puedo moverme, no puedo respirar, no puedo dormir. Sólo puedo ver desde mi congelación cómo pasan los minutos y se me van escapando los deadlines de las manos. Cómo aumenta la regla de tres de horas de trabajo diarias.

Y las expectativas, las putas expectativas. Las propias y las ajenas. Los libros sin tocar, de todos los palos. Las carpetas que no abro. Los formularios que no relleno. Los planes que no hago, porque no sé dónde estaré. Porque no me atrevo siquiera a pensar dónde estaré.

El miedo al miedo. La envidia cancerígena que mueve todas mis palabras como una titiritera. El estar tan angustiada por la espera que estoy dispuesta a destrozar con mis propias manos todo lo que sea necesario, con tal de que no me obliguen a mirar cómo arde.

La sensación general de que sería facilísimo hacer un Kiko Amat.

24.9.10

No paro en casa

Arranque de competitividad con el blog de Guille Mostaza, por ejemplo.

O que si a las 10 menos cuarto de la mañana has picado tres veces el metrobús, el día tiene toda la pinta de ir a ser un infierno.

Esquizofrenia típica de altas de suministro a varios nombres. Contratos, instalaciones, subvenciones, financiaciones y otras no sé sabe ni cuántas historias, y yo lo único que puedo preguntar es: ¿y para cuándo?

Rezo para que todo el mundo venga el 1 de octubre, y en amor y compañía se pongan juntitos a convertir el piso al que nos vamos en un hogar "en condiciones perfectas de habitabilidad". Mientras, me agobio a morir y acabo llorándole a la casera que por favor me dé una semana de tregua. Que ponga los putos muebles de la cocina como buenamente le parezca y me deje vivir. Que en medio de todo esto yo tengo tres días de congreso (con ponencia -que sigue sin hacer), una cita con el Catedrático Potencial (con el que molaría no soñar que me estrello en coche), y el jaleo-burocrático-por-acabar-de-resolver y uno de cuyos pasos es escribir un proyecto que sigue sin marco teórico.

Y para rematar el deadline (ahora entiendo el fin de la expresión, después de tantos años de revolverme contra ella), el 13 salgo para NYC, por lo que tengo que rezar a todo el santoral que la cosa quede lista en dos semanas y poderme mudar antes de irme. Previa discusión sobre las puertas con la casera y probablemente hasta con el pintor.

El miércoles me decía el psicólogo que tenía ojeras y lo único que se me ocurrió responder fue "y lo que te rondaré morena", aunque no tuviera ni idea de hasta qué punto estaba acertando.

Me enfado con el bucle ansiedad-medicación-sueño-faltadeconcentración-ineficiencia-ansiedad, como suele ocurrir. Es cierto que me encuentro mejor pero también que agradecería, a ratos, que me funcionara la cabeza y dejar de pensar que el Rey del Laboratorio tiene un don para la perspicacia cuando, sin menospreciar su inteligencia, este deslumbramiento tiene bastante más de agotamiento mental que de otra cosa. Si yo recuerdo que era lista, creo.

Afortunadamente, estoy rodeada de gente maravillosa que me ayuda como puede. El señor Catedrático y su Secretaria Excelsa me resuelven mi problema de fechas llamándome él a mí inmediatamente y adelantando la cita cuatro días. El Rey del Laboratorio, está requetedicho, suple mis carencias mentales analizando mis textos, sugiriendo comentarios y líneas discursivas además de hacerme listas de bibliografía pasando de un tema a otro con más facilidad de la que creo que tendré yo en toda la semana, el Chico Attac me responde en cuestión de horas comentando cada frase de mi proyecto y animándome a seguir, la Chica Mariposa me presta todo su afán constructivo cuando me vengo abajo porque no va a dar tiempo a hacer nada de nada, el Chico Pez me llama y me contagia su entusiasmo, como cuando llamo al Chico del Entusiasmo en modo yonki ("necesito oírte hablar cinco minutos y que se me pegue algo"), y hasta mi señora madre está en modo súper-constructivo para contribuir a mi estabilidad mental.

Qué sería de mí sin ellos, me digo.

10.9.10

F5

Ene pestañas abiertas en el Firefox. El reader, por compensar. La UNED, en sus dos versiones oposicionesdeauxiliardebibliotecayarchivos y matrículaporinternet. El IN3, por curiosidad. Facebook, porque es una droga. La UAM, también por trabajo. Y hablando de trabajo, todos esos portales de empleo que quieren empezar a cobrarme por mandar mi CV. Idealista, en cada una de las búsquedas guardadas, que tengo que repasar porque con el cambio de PC ya no sé cuáles he visto y cuáles no. Y hasta ayer que estaba sin Outlook, Hotmail.

El botón de F5 echa fuego, y yo más. Tampoco he empezado con la ponencia, ni he redactado el proyecto. Pulsar F5 me tiene ocupada al menos cuatro horas diarias. Creo sinceramente que estoy empezando a perder la cabeza hasta un punto preocupante.

Ayer, Mi Media Infancia y yo tomábamos el sol tras un homenaje de comida basura. Hablábamos, como siempre últimamente, de mercado laboral, crisis de los 30 por anticipación, y ofimática para el demandante de empleo. Agotamiento mental. "Si quieres, puedes todavía mirar el mail antes de ir a ver el piso". Me lee los pensamientos, porque obviamente estoy desesperada y mi índice tiene mono de "Actualizar". Por supuesto, El Correo sigue sin llegar. Algún tipo de parálisis nerviosa me impide coger el teléfono y cambiar F5 por rellamada. Y esto tiene que acabarse YA.

7.9.10

Quitting

- Lo primero que vemos en los cursos de antitabaquismo es si la persona ha elegido el mejor momento para dejar de fumar. ¿Tú crees que es TU momento?
- No. Sin duda, no. No sé qué voy a estar haciendo de aquí a un mes, si voy a estudiar algo o no, si voy a tener trabajo o no, ni dónde voy a vivir, porque estoy buscando casa, tengo problemas económicos e interpersonales y el jueves pasado estaba aquí con una crisis de ansiedad. Es probable que los haya mejores.

Así que el proyecto queda en stand-by. Mi médico ya me ha reñido adecuadamente por esperar a petar antes de pedir ayuda, me ha recordado que llevar cuatro meses durmiendo mal no ayuda nada si uno además tiene que hacer frente a una situación objetivamente estresante, y me han obligado a abandonar la fase de negación (yoestoybienpormisputosovarios) y a calmarme, a dormir, y hasta a drogarme bajo prescripción médica. Y, en octubre, veremos.

Qué ganas de octubre. De dormirme ahora y despertarme con todo relativamente ordenado. En otra habitación. Y con los buenos hábitos arraigados, porque la reprogramación cansa.

4.9.10

Fase 2 - Financiación



La Chica Mariposa dice que no puedes quejarte porque no te van a dar una beca que no haces nada por pedir; y lo dice con toda la razón. Sin embargo, he llegado al absurdísimo punto de llorar por no ser capaz de pedir una beca, que es el puto colmo. He conseguido dar el paso de echar CVs a diestro y siniestro (lo que equivale a reconocerme a mí misma que soy capaz de asistir a una entrevista de trabajo sin panicar, y que es más de lo que podía reconocerme en junio), pero sigo sin ser capaz de tener una visión realista de mí misma haciendo una ronda de despachos, francamente.

La Chica casi Trilingüe decía el otro día que somos malos jugadores. Que en el fondo tiene mucho que ver con que no nos gusta el juego, y que ella, honestamente, se retira. El problema es que a mí el juego no me convence, pero tampoco deja de gustarme; y, desde luego, el premio me importa. Creo.

Como decía por aquí el otro día, el premio me importa pero no es desde luego lo único que me importa. Hay otras cosas que me importan bastante más y caminos más accesibles para conseguirlas. Debe de ser muy gratificante doctorarse, pero francamente no es mi prioridad número uno. Creo.

De nuevo, sólo "creo". Porque uno nunca sabe hasta qué punto es capaz de justificar una retirada por cobardía.

Odio ser tan bocazas y haber dicho a voz en grito que quería hacer una tesis, porque ahora la gente encantadora que me rodea no para de preguntarme por ella. Y es un maldito sinvivir. Hoy, le reconocía a la Mujer con Vocación de Suegra que mis principios me parecen incompatibles con mi lista de tareas. Que no me veo capaz de pedirle a alguien a quien además ni siquiera conozco que se comprometa conmigo cuando no me estoy comprometiendo a mi vez con esa persona. Que habrá quien lo haga, que, como decía ayer Mi Media Infancia, si quiero que de pronto me ingresen becas en el banco que no sé ni de qué son habrá que echarlas todas, y que se preocupen ellos por las incompatibilidades. Pero es que a mí no me parece ético.

Ética, estética, y un mal libro de jugadas, es lo que hay.

Y por debajo, la sensación de estar defraudando a todas esas personas que se interesan sinceramente por mi futuro. Una sensación enteramente autoconstruida, ya lo sé. Pero real, en cualquier caso.

A veces, una necesita escuchar que las personas que le importan se sienten orgullosas de ella precisamente cuando menos motivos está dando para que nadie pueda sentir orgullo. Y mi madre, hoy, ha estado increíble. Porque a veces es muy fácil y es bonito que alguien más se dé cuenta.

2.9.10

Sintomatología básica para hipocondriacos

En estos tres días he aprendido que si se te duermen trozos de una pierna por las noches, aunque no duela, puede ser ciática. Que algunos mareos son cosa de segundos, y otros se prolongan durante horas. Que si además de marearte y tener ciática no dolorosa te hormiguea el brazo izquierdo y se te quedan los dedos helados, no es nada. Es una puñetera crisis de angustia. Y que si vas al médico de cabecera y te dice que te observes y te vayas a urgencias si en unas horas no estás mejor porque tienes varios factores de riesgo para problemas circulatorios, es mejor ignorar la opresión precordial y pensar, simplemente, que su prudencia no te está ayudando a calmarte. Y, a continuación, intentar calmarte (que suena mucho más apetecible que morirse o que pasarse la noche sometida a pruebas médicas innecesarias). Y que, sí, aunque uno lleve años con problemas de ansiedad puede tener una crisis y confundirla con cualquier otra cosa, como un triste novato.

9.7.10

¿Y tú, cómo corres?

9 de julio. Viernes. 9 de julio. Viernes.

Llevo montones de horas repitiéndome que ya estamos en julio. Que iba a ser en cualquier momento. Preguntándome qué pasaría si no estaba preparada. Imaginando worst-case scenarios uno tras otro. Pero, como suele ocurrir, había uno que no estaba previsto. Y por más que me despierte a las siete de la mañana y me recuerde por qué quiero ir allí, por qué es importante lo que quiero hacer, y por qué es importante que lo haga yo, con todos mis nervios y todas mis cosquillitas en la tripa, no sirve de nada si no llaman.

Y, de momento, no lo han hecho.

Francamente, no entiendo qué puede pasar para que no sea considerada ni siquiera como opción. Salvo el hecho indiscutible de que no me conocen. Mierda. Me lo he jugado todo a una gente que no me conoce. Se me ocurren excusas, una tras otra. Peticiones de referencia sin contestar. Ese maldito 7,8 del que nadie me avisó que no sería suficiente. Quizá ya hay alguien que esté siguiendo una línea similar de investigación. Quizá están priorizando las otras áreas de estudio. Quizá no les inspira confianza que sea publicista. Quizá hay más gente en el máster de la que yo creo, y tienen prioridad.

Pero, por debajo, pienso en ese código reciente de "el candidato no cumple con los requisitos solicitados". Me planteo por una vez que es posible que me haya sobrestimado.

Me he pasado el año diciendo que no soporto las competiciones. Mentira. Lo que no soporto son las evaluaciones. No puedo con ellas. Tengo un autoconcepto peligrosamente frágil. Puedo vivir conmigo misma tal y como me intuyo, pero probablemente no tal y como soy objetivamente. Conmigo, lo de enough is enough es una gigantesca falacia.

No sé si es un recuerdo real o construido. El caso es que yo era muy pequeña y que lo único que quería hacer era ir al cole como todos esos niños que pasaban frente a mí en el parque. No, esta parte no la recuerdo, esta es recreada. El caso es que llegué al cole. Que el resto de los niños no disfrutaban lo más mínimo de estar en el cole. Que no sabían leer y que no les preocupaba en absoluto. Yo recuerdo, esto sí que lo recuerdo, que mi padre tuvo que explicarme gráficamente a qué velocidad se publicaban libros para que entendiera que no podía leérmelos todos. Pero era mi meta. Leerme todo libro publicado. Incluso creo que dije una vez que debería haber un Nobel de Literatura Infantil para que yo pudiera llevármelo escribiendo cuentos para niños. Autocrítica, la justita. Iba camino de ser una empollona, pero no de las de película americana, no tanto como paria social (que fue al fin y al cabo lo que terminó pasando), sino de las de despreciar toda inteligencia inferior a la mía o simplemente orientada a fines distintos. Yo iba a leerme toda la literatura jamás publicada y a ganar premios que no existían. Era muy buena, y lo sabía.

Un buen día, mi madre, preocupada por mi soberbia, dijo la famosa frase: "Y tú, ¿cómo corres?". Siempre he sido el pato mareado que soy hoy, tropezándome con las suelas de mis zapatos, con los pies hacia dentro, las rodillas débiles, y una capacidad psicomotriz limitadísima. Atacó donde debía. Efectivamente, el resto de los niños hacían cosas tremendamente difíciles como si no lo fueran, como si genéticamente estuviéramos preparados para correr, saltar, tener amigos y reírnos de chistes sin gracia.

No me entiendan mal. Sé que tenía que hacerlo. Ella no podía prever que yo fuera a reaccionar como lo hice, ni que fuera el inicio de mi autoexclusión. Obviamente, yo era la rara. El resto de los niños corrían, no leían, no escribían cuentos. Lo adecuado era lo otro. Todo eso para lo que yo estaba totalmente incapacitada.

Pero al menos me quedaban los libros.

Acabé mi primera novela con once años. Cuando se la dejé leer a mi madre, me dijo que si pensaba tomarme en serio lo de escribir, como mínimo tenía que mejorar los diálogos. No era fácil, eso. Yo no era muy de hablar con otra gente. Pero el consejo era bueno. Y me lo tomé a pecho; tan a pecho que diez años después, cuando acabé mi primer guión de largometraje, uno de los personajes implicados (los escritores y nuestra poco ética relación con la realidad y la privacidad) me dijo que no entendía cómo había sido capaz de escribir conversaciones en las que yo no había estado y hacerlo tan real.

Yo no sé correr. No sé bailar. No sé cocinar. Me cuesta un esfuerzo ridículo comportarme con naturalidad entre un grupo de personas. No entiendo de música, ni de cine, ni de arte, más allá de mi asistemática memoria, que se queda con nombres bastante absurdos y que obedece a un criterio estético como mínimo dudoso. Pero, joder. Estudiando, soy muy buena. No me siento muy orgullosa de ello, pero lo cierto es que necesito serlo. Porque es lo mío, porque si fuera por el resto, lo mismo daba que existiera o no.

Y, francamente, si ni siquiera soy una opción para estos señores, la pregunta es qué cojones me queda.

9.3.10

El lenguaje SIEMPRE es performativo

Si nos ponemos con las leyes generales de la existencia, estamos en una racha performativa. Porque tenemos unos arranques muy serios de pretender que una campaña sin más contenidos que la protesta defina "esto", "nosotros", "arreglar" y "ellos". Porque decimos "te quiero" al tuntún, sin saber por qué. Porque después de años y años tenemos conversaciones sobre sexo con el Chico Escritor.

Quien me conozca, sabe que no soy ni de acción directa, ni de tequieros (no en un contexto de uno-a-uno, al menos), ni de hablar de sexo. Pero qué más da. Es la puta semana performativa, que siempre será mejor que la semana en que pensamos que todos estábamos al borde de la muerte, al menos como definición.

Estoy jodidamente triste y aparentemente es incomprensible. Digo aparentemente porque, si queremos, nos quedamos con aquello de "alma máster" o de "tú, la niña de las fiestas", o con el hecho de que al fin y al cabo tengo a quien me llama para decirme cómo van las cosas en el apartado preocupante, y a quien llamar para informar del apartado grave por el que no nos habíamos preocupado.

Todo eso, vale. Pero también es cierto que busco algo absolutamente indefinido por lo que abandoné algo definido-pero-insatisfactorio-de-forma-indefinida (y que sigue sin aparecer), que los bares me cierran cuando lo único que pido son bares, que todos los que parecían tirar del carro están ocupados en cosas más importantes que tirar de un carro.

Me siento ridículamente sola. Y digo ridículamente porque es probable que nunca haya estado menos sola que ahora. El Chico Escritor hace confidencias preciosas (aunque enmarcadas en un eje de imposibilidad), las ventanas de Skype se reproducen como por esporas, la gente aparentemente desaparecida cobra existencia tangible en forma de resúmenes de noticias o tags en fotos de Facebook que recuerdan tiempos mejores cuando las cosas eran "fáciles y bonitas, y ya", hay quien se quiere venir a dormir a casa un martes (e incluso por quien me veo capaz de cocinar una noche de martes), y hay planes de domingo sin testosterona, y hay paseos a por helado que valen lo que no vale una beca para Stanford, y todo lo que alguien puede pedir.

Pero las cosas no son tan fáciles como tener lo que uno puede pedir; fundamentalmente, porque no tenemos ni idea de cómo pedir las cosas que queremos. Es más: es probable que no tengamos ni idea de lo que queremos.

Yo quiero dejar de sentir que se me va el tiempo entre los dedos, quiero dejar de sentirme una farsante que no se merece el cariño y el entusiasmo que tiene alrededor, quiero una familia de la que me apetezca formar parte, quiero unas vacaciones mentales pero de las de verdad, de las de Santa Pola, cuando todo parecía fácil.

Eso, para empezar. Luego, si quieren, hablamos de mi súbitamente encontrada necesidad de que me necesiten, y de cómo puedo ser tan egoísta como para pretender segmentarla, y demás.

Pero de momento, las vacaciones, por favor.

3.3.10

Pactos con el diablo

En lo que llevamos de semana, he hecho uno de los comentarios más inapropiados del mundo por Skype (si me paro a pensarlo, dos de los comentarios más inapropiados del mundo), he dejado tirada a alguien que encima me ha hecho un favor, me he dado cuenta a media conversación de que no estaba escuchando lo que me contaban, he dicho en voz alta "menuda sarta de sandeces" tras un comentario argumentado y legítimo con el que simplemente discrepaba en los matices y me he comportado como una esquizofrénica rencorosa sin pretenderlo.

Aun así, creo que no me merezco la semana que estoy llevando.

FuerzaTodopoderosaComotellames, si dejas de mandarme complicaciones prometo encontrarme a mí misma, y ser buena con la gente que tengo alrededor. Pero reconocerás que así no hay quien se centre.

11.1.10

D -31

Pues estamos en estas. Contando hacia atrás. Intentando hacer malabares sólo con dos platos a la vez, siguiendo los fantásticos consejos de la versión profesional del Chico del Entusiasmo (que también nos gusta). Devolviendo libros y sacando otros nuevos a pesar de los grandes propósitos de hastaquenodevuelvaagreimas. Cogiendo unos apuntes estupendos porque "tengo una impresionante capacidad de abstracción" y consigo que lo que dice el Naranjito tenga sentido (al menos, cuando cojo apuntes en vez de cruzarme notitas).
Pesan la mochila y la carpeta. Yo me siento un poco inútil cuando habla el Profe que Parece Mi Ex-Suegro. Bastante inútil. Muy inútil. Combato el ataque de pánico con una excursión al frío de la calle. Me convierto en una inútil desinformada que se queja todo el rato de que lo que dice Olson no tiene ni pies ni cabeza y, que, además, no sirve para nada. La Chica Rubia dice que debería subírseme la autoestima. Yo pienso que funciono mejor cuando estoy cabreada que cuando me gusta un autor. Nota mental: el próximo cuatrimestre, hay que leer autores que nos caigan mal.
Y llegan las seis y media y hay que tomar decisiones mucho más interesantes que la de qué trabajo empiezo primero. Y tomo la correcta, creo. Digo que debe de ser correcta porque el karma (or whatever) me regala un rato suficiente de no temblar ni tartamudear. Una conversación sin ningún tipo de intención de epatar. Un "mira, yo de esto no sé nada, pero me gustaba cuando sabía y quiero recuperarlo, ¿me ayudas?" Y una sonrisa y un "claro" y un apretón en el brazo, a la carrera.
Pues muy bien.
Y vamos a ver si cogemos la teoría de los platos chinos y lo hacemos en general, ahora que, total, frenar no puede ser mucho peor. Si ya tengo crisis de ansiedad porque mi último boli de Inoxcrom se ha quedado sin tinta ynopuedopasarapuntesestanocheymividadesdehoyseráuninfierno, francamente, no tiene sentido evitar el frenazo.
Así que, ahora sí. Frenar y enfocar.
Y qué gran mes será febrero, ya lo creo.

9.1.10

No queda otra

Como de costumbre, difícil poder identificarse más con la Rubia y, en este caso, su procrastinación.
He vuelto a levantarme a la hora de comer, y me he pasado todo el día fuera. He sido capaz, incluso, de ir a cambiar uno de mis regalos de reyes con tal de no meterme en casa. He comprado unos libros para lavar la conciencia. Y ahora que tengo un rato, pienso en qué peli ponerme.
Tengo una especie-de-mantra (en realidad es una serie sucesiva de buenos propósitos, pero se llamaba "mantra para el segundo cuatrimestre") que escribí en primero de carrera y acabo de darme cuenta de que no he aprendido nada desde entonces.

A todos aquellos de la clase que no era... A los que estaban en la clase que sí era pero no sabían de quién copiar... A los que han dejado seis para septiembre para luego darse cuenta de que no les quedaba ninguna que aprobar en junio... A los que iban a aprobar todas y poco a poco han ido diciendo "una menos"... A todo los que estamos acojonados con las clases de Elena Barroso... A todos. Repitan conmigo:
EL SEGUNDO CUATRIMESTRE, TODO VA A CAMBIAR.
- Prometo encontrar tiempo para editar Tecnología antes del último viernes a las ocho de la mañana.
- Prometo que cuando se reparta el trabajo haré mi parte, siempre, y sólo mi parte.
- Prometo que entraré a las clases posteriores a las doce y media aunque prefiera estar en el Rolling y/o tomando el solito en Biología con una cerveza fresquita...
- Prometo que averiguaré dónde están los despachos para ir a tutoría frecuentemente y "seducir" a los profesores con mi Lina's style.
- Prometo que no miraré para otro lado cuando algún profesor hable de "trabajos voluntarios para subir nota".
- Prometo que este año, de verdad, de verdad de la buena, la promesa de "voy a estudiar a diario" se cumplirá... Para variar.
- Prometo que abandonaré las notitas en clase... Incluso aunque el Cascales diga frases memorables, sólo me fijaré en la materia susceptible de caer en examen.
- Prometo llegar a clase de María Márquez cinco minutos antes en vez de cinco minutos después aunque la idea de que me eche sea tentadora.
- Prometo visitar la copistería frecuentemente para no tener que dejar allí los doce eurazos el último día de clase.
- Prometo recordar que la cafetería está situada cerca de clase para que dé tiempo a tomarse el café en el intercambio, no para tentar a los alumnos a abandonar las aulas.
Recuerden: EL SEGUNDO CUATRIMESTRE, TODO ESTO VA A CAMBIAR".

(No pensaba reproducirlo, pero he pensado que a Blue le iba a divertir)
El caso es que este año tengo todo un récord de asistencia. Que la Rubia quiere mis apuntes de Identidades. Que voy de coach por el mundo, recomendando textos a todo el que me ha comentado que le interesa algún tema en particular. Que he descargado a tiempo todos los textos del campus virtual.
Pero en realidad sigue dando lo mismo. Siguen siendo los trabajos el último día, sigue habiendo donaciones a la Wikipedia en lugar de documentación sobre la Wikipedia. Sigue siendo más fácil sacar los libros de la biblioteca que leerlos. Sigue pareciendo que el calendario juega con nosotros. Sigue siendo exponencialmente más larga la lista de To-Do's que la de Done's.
Y por delante quedan tres semanas manifiestamente espantosas. Tres semanas de las de apagar el móvil, de las de no entrar en Facebook, de las de no mirar el correo. Tres semanas de las de preguntarte después cómo pudiste con ellas.
Pero claro, para eso hay que ser valiente. Y hay que pensar en lo que uno necesita conseguir. Y hay que dejarse de miedos, de llantos, de querer abrazos. Hay que cerrar los ojos ante el FSM. Hay que pensar en términos de tengoqué y no en términos de quieroqué.
Y yo, ya lo hemos dicho, nunca fui muy sensata.

5.1.10

Instrucciones para una estúpida llantina

1. Levantarse a una hora estupenda justo para darse cuenta de que no recuerda qué narices tenía que hacer.
2. Desayunar con Françoise Hardy y la noticia del desalojo del Patio Maravillas. (Ojo a las comillas en la nota de EFE).
3. Pensar que su cuerpo reacciona negativamente al rito iniciático de estamosdespiertos porque no hay día que no produzcan náuseas el primer café y el primer cigarro.
4. Descubrir que no hay nada que pueda/quiera estudiar en Frankfurt.
5. Recibir una llamada telefónica aparentemente práctica que se convierte en dos horas de conversación balbuceante sobre el tema estrella noséquélechesvoyahacerconmivida.

Como dice la Chica de las Sonrisas, ¿en qué momento nos vendieron baobabs por rosas? Yo quiero que me valga con que me dibujen un cordero.

31.12.09

Todo esto, y otras cosas

Insomnio. Náuseas. Un sueño permanente entre una y otra ceja, y de postre un malestar que se mueve de forma difusa por todos los puntos del sistema digestivo. Probablemente, todo ello fruto de las cosas que ni siquiera pueden volverse suficientemente líquidas como para ser lloradas.
Llamadas telefónicas, portales en cuesta. "Los hombres se casan porque no saben vivir solos, y las mujeres lo hacen porque no saben dormir solas". Intentar aprender a dormir sola, hacerlo con placebos, soñar despierta con imágenes que a fuerza de repetirse han perdido todo el sentido que tuvieron alguna vez. Tener pesadillas despierta sobre lo mal que pueden estar yendo las cosas al otro lado de Santa Engracia, y desear que todas las preocupaciones dejen de significar, aunque, por supuesto, no lo hacen.
El miedo al mañana, al pasado mañana, a la próxima semana, al mes que viene, a 2011.
Las ausencias que se van multiplicando siguiendo una lógica malthusiana aterradora.
Adquirir por costumbre hábitos que una nunca habría querido tener, si hubiese sido posible elegir.
El ruido de la lavadora, que no implica ningún despegue. El total desconocimiento de las leyes que garantizan un aterrizaje.
La hostilidad de/hacia los objetos inanimados.
Los asuntos pendientes y las cosas que se quedarán, para siempre, en la agenda y sin hacer.
Las conversaciones que querría tener con las personas que ya no están.
Todo esto, y otras cosas.