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2.10.10

29-S

Cartel pegado en la puerta de una universidad en Euskadi

Se ha dicho de todo sobre la huelga, y yo, por un problema básicamente de agotamiento, llego tarde, y además, desinformada (por dos problemas: sobredosis de implicación, en la huelga en concreto, y una importante despolitización, anterior y en general). Pero me da igual; este es mi espacio, cabréense cuanto quieran.

Partamos de que el 28-S yo me pasé como mínimo dos horas desvariando absolutamente sobre la situación política y socioeconómica. Esto es un desastre, sí, pero no tengo ni la menor idea de cómo hacer que vaya a mejor. No se me ocurren más que tonterías, las suelto, probablemente hago enfadar a gente. Tengo un cierto convencimiento de que incluso precaria y cabreada no va a haber forma de sentirme implicada en toda esta historia, porque los convocantes me dan asco, directamente. Porque la oposición me da miedo. Porque la situación me indigna, sí, pero la retórica, en general, más.

Hablemos de retórica, un poco. La Chica Mariposa y yo nos planteamos seriamente regalar una auditoría de comunicación a CC.OO. Por favor, señores, siéntense y miren sus pancartas, sus pegatinas. Explíquenmelas. ¿Qué narices es eso de "Yo voy"? No puedo decir nada que la Chica Mariposa no haya dicho mejor. En huelga se está. La huelga se hace. O no se hace, de hecho: trabajar en día de huelga es un derecho, y si nos olvidamos de eso, convertimos el derecho a huelga en cualquier otra cosa. Y yo quiero que sea un derecho. Quiero reivindicar mi derecho a huelga.

Hasta aquí, por qué siempre he estado en contra de los piquetes, aunque sean informativos. Que piense que informar y manipular y por tanto coaccionar son procesos bastante inseparables también ayudan.

A partir de aquí, por qué he terminado sumándome a los piquetes.

Porque, en esta ocasión, no hemos tenido derecho a huelga. Una de las muestras palpables de hasta qué punto es un desastre la economía de este país y las medidas que se toman para arreglarlo es el reportaje por entregas de El País sobre los (Pre)Parados.

Y señores, perdónenme, pero los (Pre)Parados no tenemos derecho a huelga. (Curiosamente, encuentras en los piquetes a la misma gente que en la cola para solicitar becas predoctorales). Porque estamos en el paro. Porque somos becarios. Porque tenemos un contrato por obra y servicio con el que nos amenazan. Porque después de haber trabajado gratis o casi gratis, cuando por fin vamos a tener un contrato de verdad, nos dicen que ya está listo pero que se firma el jueves (sutil y elegante amenaza). Porque estamos en el extranjero para poder ganarnos la vida como no nos dejan en nuestro país. Porque cobramos en negro, porque llevamos currando cinco años y no tenemos cotizados ni seis meses.

No computamos. Conocimiento situado: mi padre trabaja en Alemania. Mi madre es ama de casa. Yo estoy desempleada. Y mi hermana es estudiante. A mis ex-compañeros de trabajo les da miedo hacer huelga. Conozco gente en todas las situaciones anteriormente detalladas. Pero que sean cercanas no las convierte en irreales, de momento, que yo sepa.

Y a partir de aquí es cuando empiezan a tocarme los ovarios los bailes de cifras. Que a la (minúscula) cifra de personas que van a secundar la huelga le puedes sumar los 4 millones (mínimo) que no computamos.

[Añadamos a esto que si los autobuses no consiguieron cumplir los servicios mínimos, el metro iba vacío, y había menos tráfico, digan lo que digan sus estadísticas, la gente no se teletransportó al trabajo. Digo yo]

Pero es facilísimo tirar de cifras, claro que sí. Nos agarramos como locos al descenso de consumo energético porque es un dato fiable, y lo comparamos con la anterior huelga general. Que, les recuerdo, señores analistas, fue un 30-J, fecha en la que se usa aire acondicionado, y por tanto, el descenso es necesariamente mayor. Pues muy bien. Dato fiable, donde los haya.

Baile de cifras sobre los manifestantes. Como siempre. Y nosotros, los que sí estamos en la calle, aunque no salgamos en los números, nos peleamos entre nosotros porque somos tremendamente gilipollas. Y poco prácticos. Y seguimos empecinados en repetir hasta la saciedad la escena del tiroteo de Tierra y libertad. O de La vida de Brian, si nos ponemos.



Pero el caso, insisto de nuevo en la retórica, es que no están ayudando. "Así, no", dicen. Maravilloso. Así, no. De otra manera, pues igual. No sé, poquito a poco. Un día las pensiones. Otro los despidos. Otro las ETTs. Pero todo a la vez, no, hombre; que se nos cabrean las bases, tenemos que convocar una huelga general, y todos queremos llevarnos bien. Imagínate que el PP se nos sube a la chepa, aprovechando. Como no nos gusta el PP, tú haz lo que te salga de los huevos, hombre, pero sin que se note. De eso se trata.

Yo, honestamente, no quiero que el gobierno rectifique. Lo cual está bien, porque no piensan hacerlo.

Yo quiero que el gobierno deje de bajarse un 15% los salarios y asuma que mientras no aprendan a hacer su trabajo, deberían tener un contrato formativo, como los demás, con sus 400€ de paga y su convenio con centro de estudios. Hasta que aprendan, digo yo. Hasta que sepan leer datos y sacar conclusiones. Hasta que dejen de ser títeres y titiriteros.

Zapatero sale, con su estupendo "talante" por bandera, diciendo que él ha ido a trabajar "para garantizar el derecho a la huelga y el derecho al trabajo". Me parece estupendo, señor, eso es exactamente lo que le estamos pidiendo. Que garantice nuestro derecho a trabajar. No el 29-S, no. Que yo, honestamente, celebro todo cuanto se ha hecho para garantizar que todo el que quiera pueda ir a trabajar pero se encuentre su curro cerrado (que el trabajador no pueda enfrentarse a represalias). Porque no queremos que trabaje quien quiera.

Queremos trabajar todos.

Así que, señor presidente, usted decide. O la Renta Básica Universal, o se pone en serio, y rapidito, a garantizar el derecho a trabajar que tenemos TODOS, todos los días.

Porque ya está bien.

13.9.10

Buscar trabajo "activamente"

Ayer por la tarde tuvimos encuentro familiar por el cumpleaños de mi abuela. Como suele ocurrir, la sección fumadora, encerrada en la cocina, se enzarzó en el típico debate de actualidad nacional, en este caso el 29-S. Yo me mostré predispuesta incluso a buscar un trabajo de aquí al 29-S sólo para poder hacer huelga (creo que si le intento explicar al INEM que renuncio a la parte proporcional de subsidio la liaría parda y no me pagarían nunca más, y no está el horno para bollos). Sin embargo, dado que la familia de mi padre se compone, en general, de autoempleadores y de emprendedores con una mala suerte que ronda lo épico, obviamente las posturas acaban por enfrentarse. Que no digo yo que no entienda su punto de vista, pero es que las medidas tampoco pueden hablar de "empresas" y quedarse tan anchas, como si fuese la misma circunstancia la del dueño de un taller de tres empleados que la de la ejecutiva de un banco con sucursales en medio mundo. Que la solución no es buscar puntos intermedios entre trabajadores y empresas, porque es absolutamente imposible conciliar puntos de vista tan extremos y al final no satisfacemos a nadie. Que ya que "segmentamos" para todo, que vemos nichos de mercado en todas partes, y que el marketing se aplica a casi cualquier cosa que se mueva, ¿por qué no segmentar las condiciones en función del tamaño de la empresa?

Al final, en este país el tejido empresarial se compone en su inmensa mayoría de PYMEs, para las que determinadas inversiones y compromisos son inviables y acaban por venirse abajo (lo cual es una pena porque muchas de ellas muestran más voluntad innovadora que todos los departamentos de I+D de las empresas grandes), mientras los responsables de grandes empresas se aprovechan de medidas pensadas para pequeños empresarios y se acogen a cualquier cosa con tal de no poner ni medio céntimo de más.

Todo esto viene a que me han llamado, por fin, para hacer una entrevista de trabajo. Atención a la situación: entrevista + 50 minutos de prueba de nivel de inglés para conseguir un contrato de tres meses con una ETT (y luego, dios proveerá) cobrando 16.000€ brutos/año, supongo que en 14 pagas como suele hacer esta ETT en concreto (es decir: menos de 850€ netos/mes), en un puesto definible como deputaporrastrojos: tú te lo guisas, tú te lo comes, multitarea, polivalente, bla, bla, bla.

Ahora mismo, el Estado se está metiendo en un déficit del que a saber cómo se sale, pero aun así, me pagan 120€ más por ser "demandante de empleo activa", es decir, acordarme de sellar mi tarjeta de demandante cada tres meses (y si se puede por Internet, mejor), no renunciar a un curso que nunca me han ofrecido, y avisarles cuando la oferta de trabajo que me han mandado, la única en un año, está ofreciendo un salario inferior al mínimo interprofesional.

Yo entiendo todo eso de la oferta y la demanda, el libre mercado y demás reglas pseudomatemáticas que rodean al capitalismo, y, honestamente, no creo que haya que estar en contra del capitalismo en general, sino más bien de los excesos que se hacen en su nombre. Entiendo que si hay 4 millones de parados, las condiciones de trabajo empeoren. Pero no entiendo, bajo ningún concepto, que unas condiciones laborales puedan ser inferiores a la situación de desempleo, porque no tiene el menor sentido. Porque entonces esto ya no es economía, es un SimCity venido a menos. Porque luego nos quejamos cuando la fuerza de trabajo no tiene compromiso: luego, pedimos becarios acostumbrados a trabajar bajo presión, auxiliares administrativos con iniciativa y creatividad. Pedimos que la gente sea responsable sin mover medio dedo para otorgarles un cargo de responsabilidad; que tomen decisiones sin pagar el precio que corresponde por ello.

Seguramente todos conocemos empresas cuyos organigramas cuentan con un par de cajitas de "becario" por departamento. Se basan en la reducción de costes en lugar de en incrementar el valor añadido. Todo esto, eso sí, empaquetado con lazo, con campañas publicitarias impresionantes (últimamente tengo la sensación de que el sector creativo se mueve a una velocidad tal que es imposible seguirlo desde fuera), con unas políticas de "gestión del talento" del copón. Con horario flexible y con dress-code informal.

No se trata de eso. Como decía ayer mi Tía del Buen Karma, "si uno no tiene un espacio donde desarrollarse, lo demás no es viable". Alquileres que se llevan el 80% de los sueldos. El IPC subiendo como si el paro hubiese bajado sustancialmente. No, señores. Luego no vayan a conferencias en Oslo sobre empleo y cohesión social y vuelvan diciendo que para ser europeos hay que pagar más impuestos, porque ni podemos pagar más impuestos ni podemos reactivar el consumo, porque no tenemos con qué.

Vamos a ver si dejamos de empezar la casa por el tejado, alguna vez, para variar.

15.4.09

Pánico 2.0

Hoy el Chico de la Vespa ha aprovechado los tres minutos que hemos compartido para hacerme pensar en un montón de cosas. Como en por qué no nos vemos nunca cuando compartimos planta en el edificio, y en por qué parece tan obvia la identidad irenmoto-serfeliz.
Pero también ha aprovechado para preguntarnos por qué cedemos alegremente nuestros datos a las aplicaciones de Facebook (venga a hacer tests, como locos, y pulsando "aceptar" por el camino). Le he dicho que, sinceramente y pese a la paranoia, mis datos personales me importan un bledo. Debe de ser generacional. El caso es que mi banco me escribe al móvil, y por tanto nadie puede cargar nada en mi cuenta o mi tarjeta sin que me entere. Que mi portero recoge semanalmente nuestras compras, porque, gracias a la falta de tiempo, no compramos salvo por Internet (con las siguientes sorpresas de tallaje cuando hacía tres años que no compraba unos vaqueros). Que cuando aparece una oportunidad laboral, me entero por RSS o por un contacto de mi padre en LinkedIn. Que, de hecho, la última muestra de desprecio (pueden llamarlo acoso laboral, también) de nuestro Gran Director ha sido decir en esa misma red que no me conoce (con dos...).
Probablemente vengan bandas organizadas a buscarme; considerando que hago exactamente el mismo camino por el mismo barrio a la misma hora cada día, no me preocupa que una foto en Internet vaya a favorecer mis posibilidades de ser secuestrada y torturada.
Es más:
- Encontré pareja gracias a Internet. Dos veces. El hecho de que fueran personas próximas a mi entorno favorece que fueran relaciones normales y con las sorpresas habituales. Pero eso es usar Internet de forma efectiva para encontrar pareja, no entrar en el meetic a lo tonto.
- Una de mis amigas más antiguas se preocupa por mis ausencias en Internet más que por la escasez de mis llamadas. En tiempos (ahora es más bien causa del estrés) era bastante buen indicador de mi estado de ánimo.
- Creo firmemente que si finalmente accedo al Máster en Comunicación de Moda del IED será, fundamentalmente, gracias a Internet.
- Las páginas de encuestas on-line me han regalado, en las últimas 48 horas, 4 euros y el videojuego de Raving Rabbits.
Así, en estas condiciones, no tengo el más mínimo remordimiento por publicar on-line todos mis datos de una forma u otra. Es más, tampoco me extraña en absoluto que los nuevos chantajes emocionales se hagan por Internet, en público, ante todo el que quiere oírte, en tu muro de Facebook. Total, es la evolución humana. Yo estoy leyendo Microsiervos, del gran Coupland, y me encanta. Renovarse o morir. Ser 2.0, o no ser 2.0. Esa es la cuestión.

14.2.09

De un día de lluvia, hace dos semanas

No deja de ser curioso lo débil que es la civilización. Caen unas cuantas gotas, salen a la luz los paraguas y las luces de los coches, y lo que era un barrio normal y corriente parece convertirse en un parque natural de homínidos en estado puro.
La gente (apelativo cariñoso para esa masa violenta) va a toda velocidad por las estrechas aceras, y las buenas intenciones que nos llevan a ceder asientos en el autobús desaparecen tras una inusitada capacidad de exacerbar el instinto de conservación: ataques con las varillas metálicas, bruscos empujones para elegir el lado mejor cubierto, independientemente de que la persona que tienes enfrente vaya sin paraguas y sin meterse con nadie.
Se podría pensar que en un coche, calentito y bajo techo, uno siente menos tentaciones de comportarse como un salvaje, pero lo cierto es que una vez disueltas las reglas básicas de convivencia, todo vale. Los pasos de cebra se deshacen ante la mirada de los conductores, no sea que se retrasen cinco minutos más en un día en el que los atascos se suceden.
Lo cierto es que mucha gente odia los días de lluvia. En realidad son bonitos, necesarios (como me recuerda un taxista, unas semanas antes), acogedores cuando uno tiene un sitio donde ir. Pero nos recuerdan el peor lado de cada uno, con lo que, lo siento, yo quiero sol. Y ya.

1.7.08

El ser humano es raro, decían

En este mundo raro en que vivimos, te ofrecen soluciones para la ludopatía que no esperabas (al fin y al cabo, es TU problema) pero luego no las ponen en práctica. Puedes pagar con una tarjeta de un banco que no te conoce pero no con la de tu banco de siempre, que ha decidido cobrarte doce euros por un trozo de plástico sin ninguna funcionalidad que debe estar vagando por ahí en algún lugar indefinido de la Comunidad de Madrid (en el mejor de los casos) pero, desde luego, no en tu monedero. Tomas decisiones importantes mientras acaricias a perros excesivamente violentos para su tamaño. Vuelves a casa y oyes frases como "Al menos reconoce que me amenazaste, aunque luego no me hicieras nada", y ya no te puedes ir a casa. Te quedas, sentada en un banco, clínex en mano, llorando como una magdalena, esperando a que acabe el drama familiar que ya te han asegurado que "está bien, bonita". No, no está bien. Toda pareja que discuta y entrometa a sus hijos es un asunto social, y no familiar. Finalmente se van y puedo irme a casa. Y ahora me siento ridícula por esta hora y pico que he pasado llorando en un banco. Y pienso que aunque muchos me han mirado, nadie ha puesto siquiera una expresión empática. A la familia que discuten, ni la miran. Me entran ganas de tatuar "Ciudad Hostil" en todas las calles de este maldito Madriz que ayer era todo euforia, abrazos, solidaridad interracial e internacional, comunión y buen rollito, y hoy es la misma mierda vacía de sentimientos que siempre. La peor cara de Madriz sale hoy para que no se me ocurra quedarme con la mejor, con la de ayer.
Llego a casa de muy mal humor, y como lo único que me lo quita es el ejercicio, vuelvo a pelearme con los restos del incendio (sin música planetera) de mi cuarto de baño (a.k.a) no puedo salir de casa sin que pase algo. Ya no quedan azulejos negros. Sigo tan acelerada, tan desencantada, que no sé si podré dormir. Mañana, una mujer que me ve veinte minutos una vez al mes (en sus mejores frecuencias) decidirá si tengo que volver a trabajar.
Todo es tan absurdo que no sé si reírme o apagar la televisión.