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28.12.09

Refuerzos positivos

Me despierto casi veinte minutos después de que empiece mi sesión en el psicólogo. Consigo llamarle y tener una conversación medio razonable, quedar para mañana (la sesión más cara del mundo: ya tengo que pagarle dos amagos de ir), y volverme a dormir. A quien le digas que anoche trasnoché por culpa de Goethe pensará que soy una chica cultivada, pero, desde luego, no siento que sea el caso.
Me despierto, de nuevo, a la hora de comer, porque he tenido tantos, tantos sueños bonitos que no quería despertarme. Tengo una tendencia significativa a tener pesadillas, y cuando sueño cosas agradables no hay quien me saque de la cama.
Así que dan las tres y no he ido al psicólogo, no he ido a Ikea, y tampoco he pasado la mañana leyendo los relatos del certamen.
Y cuando me siento bastante "lo puto peor", entonces el Chico Pez al rescate, cambiando una tarde de Sassen en el metro y entrada fugaz a por un sofá por un vamosaikeaamirarcosasbonitasdecolores, y sonrío mil, y me pide capítulos nuevos de mi Física o Química particular (la página de sugerencias de amigos en Facebook es de lo más peligroso), y de pronto el día está lleno de luz.
Así no hay quien aprenda. Al final queda la sensación de que cuanta más agua te llega al cuello, mejor lo pasas...

Actualización: Y además, como no se puede ser más chulo ni más de moratalaz, pues claro que mi sofá cabe en su coche, así que me ahorro el transporte; y además, como no se puede ser más insistente, terminamos montando el sofá, viaje a casa del Chico Cósmico en pos del destornillador mediante; y además, como no se puede ser más mono, no sólo aguanta mis charlas monotemáticas y absurdas sino que no me deja llorar a pesar de lo raro que ha sido; y además, con montones de risas y el resultado fabuloso de que se acabó mi intra-mudanza.
Creo que últimamente lo digo mucho, pero es que es así: soy jodidamente afortunada. Mi vida está llena de personas maravillosas.