8.1.10

Fechas de caducidad

Cuando estábamos en el instituto, el Profesor Macabro (ese que celebraba el día de todos los muertos bastante más que las navidades) tenía una manía bastante preocupante. Unas semanas antes de cada evaluación, nos miraba a todos (en aquel aula dispuesta en forma de U), y tras un rato de silencio, preguntaba: "¿Alguien ha mirado últimamente la fecha de caducidad de los cartones de leche de la nevera?". El tema era algo así como que cuando el cartón de leche marcaba la fecha de los exámenes, era el momento de preocuparse por lo que aún no habías estudiado.
Yo, que siempre he sido más de la fecha de los yogures que de la de la leche, tendía a reírme de este rito trimestral.
Pero ayer, la Chica Rubia y la Chica Mariposa tuvieron sendos ataques de pánico. Y yo descubrí que mis trabajos tienen que estar antes del 11 de febrero, y no a partir del 8. Y esta mañana, tomando el café, he visto que el cartón de leche marcaba nada menos que el 28 de febrero.
Tengo menos que un cartón de leche para los ocho trabajos que me quedan.
Y ahora sí que estoy nerviosa, y ahora sí que quiero un Ctrl+Z para mi vida, para coger todas las horas que he pasado esta navidaz haciendo el tonto con el pequeño robahoras de Facebook, mirando al infinito, durmiendo a deshoras y viendo cine francés, y emplearlas en documentarme y escribir.
Tarde, ya lo sé.
Pero siempre es mejor empezar tarde que no empezar.

7.1.10

Cómo no hacer trabajo de campo

Los días malos están ahí. Existen. Se pasan.
Ayer fue uno de esos días malos. Un día que empieza con una mala noticia, sigue con una crisis de identidad (o, quizá, con la expresión de una crisis de identidad que estaba latente), explota en una conversación telefónica que debería ser constructiva.
Blue, entonces, irrumpe y gana otros cincomil puntos como compañera de piso perfecta. Convierte la contradicción en convivencia. Sí, una puede ser publicista y lectora compulsiva de Beigbeder y, aun así, que le duelan las cosas. Convierte la crisis de autoestima en un discurso alternativo de qué es lo que vale. Considera que hacer preguntas es decir cosas. Y cuando Blue se va a trabajar, yo soy un mar de dudas pero al menos no un océano.
Tengo un rato de teléfono compulsivo. Porque, al menos, hemos aprendido que no encerrarse ayuda mucho. Oigo viejas historias del Chico del Entusiasmo que me encanta ir conociendo poco a poco. Hablo con la Chica Rubia de tener trabajo de campo en vez de vida. Hablo con el Chico Carrá-Collage del ejercicio como higiene mental. Intento hablar con varias personas más pero los teléfonos apagados y el hecho de que esté a punto de llegar tarde me lo impiden.
Y me planto en el dos de mayo. Y puede que no sepa qué hago aquí, pero no importa. Porque nada más llegar a la plaza, la gente que no está concentrada también está hablando de política; y me doy cuenta de que, efectivamente, va a ser un gran trabajo para Espacio Público, porque puede que estas cosas generen debates morales-legales, pero también crean espacios de debate. Incluso cuando se quedan sin espacio. Y eso es precioso y necesario. Y por eso estoy aquí. Qué más da si se usan o no se usan.
La gente del Patio Maravillas lee el fantástico (por jugoso, al menos) comunicado que yo ya traigo estudiado de casa. Echan a andar, y me encuentro al Chico Trotskista que me ha agregado a facebook hace unas horas. Pienso en mi tesis, o lo que quiero que sea mi tesis. La virtualidad-realidad de las relaciones. Resulta que el Chico Extraordinario no está en su casa, sino aquí. Me engancho al grupo como un pequeño vampiro emocional, pero en plan militancia.
La verdad es que la concentración ha sido tan bonita, tan comunitaria, tan curiosa, que deja de resultar raro que la gente a la que casi no conoces te termine contando todo tipo de intimidades. Dos horas y algo de charla interrumpida por encuentros permanentes. Es bonito, también, que todos se conozcan. Es un poco triste que las cosas sean tan endogámicas que siempre las hagan los mismos, pero bueno. Estamos intentando pensar en cosas que no son tristes.
Como el patio sigue vivo, nos vamos a tomar cañas. Hasta aquí nuestro papel.
Una mesa en un bar con un camarero que no era tan amenazador como parecía y una especie de turbina como calefacción. Se está bien. Ese es el problema principal, supongo. Que, al final, con estos chicos siempre se está bien.
Vamos a una inauguración en nombre de otra persona. Nos encasquetan pegatinas con números y amenazan con una especie de buzón de San Valentín. No sé si es rebelión, pero pierdo mi pegatina una docena de veces. Se me ocurre comentar (por algún motivo, parece que la tarde incita a las confesiones íntimas) mi teoría de las tres preguntas. Mi cambio de "cómo se deletrea Feuerbach" a "dime tres títulos de Foucault". Estoy hablando con una japonesa preciosa, también en nombre de otra persona, cuando una voz me dice: "Vigilar y castigar, El orden del discurso, Las palabras y las cosas".
Y yo, al fin y al cabo, defiendo que si uno pone reglas es para jugar a algo.
El problema no es tanto lo de contra-con quién juegas, como conocer a los jugadores. Y si los jugadores tienen amistades peligrosas, estar atento. Como "quién es tu mejor amiga" no está entre mis tres preguntas, me entero a destiempo de lo inoportuno que está siendo todo esto.
Y es como una gota que colma el vaso, como si volviese a ser por la mañana. Uno de esos momentos en los que todo duele de una forma tremenda e incomprensible. Vomito. Lloro. El Chico Extraordinario, eso sí, da unos abrazos tan extraordinarios como su apodo.
Y puede que no sea normal hacer confidencias a extraños, ni vivir abrazos llorosos con gente a la que no hace tanto que conoces. Pero, desde luego, si estás llorando una noche de reyes, es fantástico que alguien te dé un abrazo así. Así que puede que fueran inoportunas mis palabras. Pero eran reales. Y voy a mantenerlas todo el tiempo que haga falta.
Afortunadamente, una va buscando cosas raras y bonitas que den miedo y den risa, ya lo decíamos. Y está encontrando excepcionales compañeros de viaje. Que son capaces de hacer que todo parezca fácil.
Lo que no es tan fácil, ahora, es abstraer, de todo lo de ayer, sólo lo académicamente útil. Me da la sensación de que es lo de menos. Seguramente lo sea.

5.1.10

Instrucciones para una estúpida llantina

1. Levantarse a una hora estupenda justo para darse cuenta de que no recuerda qué narices tenía que hacer.
2. Desayunar con Françoise Hardy y la noticia del desalojo del Patio Maravillas. (Ojo a las comillas en la nota de EFE).
3. Pensar que su cuerpo reacciona negativamente al rito iniciático de estamosdespiertos porque no hay día que no produzcan náuseas el primer café y el primer cigarro.
4. Descubrir que no hay nada que pueda/quiera estudiar en Frankfurt.
5. Recibir una llamada telefónica aparentemente práctica que se convierte en dos horas de conversación balbuceante sobre el tema estrella noséquélechesvoyahacerconmivida.

Como dice la Chica de las Sonrisas, ¿en qué momento nos vendieron baobabs por rosas? Yo quiero que me valga con que me dibujen un cordero.

Inspirando

El Chico Casi Morado dice en FB que quiere un 2010 sin prisas. Me siento profundamente identificada, pero no sé si voy a saber.
Ayer me sentía muy a gusto con mi versión 7.1 (o por ahí debemos de andar), que era positiva y práctica y serena. Hoy, mi versión 7.1 se ha colgado y en vez de pantallazo azul he tenido una especie de brote psicótico.
Un café de lo más tranquilo de puesta al día, un tengoqué menos con paseo poco fructífero por la estantería de la biblioteca, un apacible tinto con Pretty in Black en la mesa mítica del mono con encuentro raro en la puerta, un mensaje de la Chica Asturias con una agradable proposición y un desencuentro coberturesco.
Y me esfumo. De repente no veo la primera parte de las frases sino la segunda. Me agobio, me ahogo en uno de los cubitos de hielo de mi vaso, cómonaricesorganizoestasemana. Una semana llena de nombres propios en la agenda del móvil y de recados en la agenda naranja y de trabajos y lecturas en la agenda cerebral.
Pero respiro hondo. Acabamos pidiendo una pizza y viendo Fahrenheit 451 aunque no esté en francés. Y mando mails divertidos que no pienso analizar letra por letra. Y me voy a ir a la cama a procurar madrugar. Y a quitarme la bola del estómago.
Sí, me gusta el plan. Me parece bastante acorde con las muestras que ha dado el año hasta ahora. Un 2010 sin prisas. Qué cosa más tonta y más agradable de pensar.

3.1.10

Tres días de año, dos conciertos y un trabajo. Buen balance.
Me siento satisfecha conmigo misma, y es algo tan raro que casi parece nuevo.
Cuando me pongo cínica me reprendo por dentro, pero lo hago bajito y con cariño.
Me reconcilio con el Sr. Chinarro.
Pienso en aquello que comentaba con la Chica Casi Trilingüe. En oír una voz propia y elegir sin tener en cuenta nadie más que tú. También raro y casi nuevo. Agradable. Lo de antes, también. Hay que hacerlo todo, al final.
Me río con la Chica de las Sonrisas porque, como Ed Wood, estoy en modo "voy a meter una escena con un pulpo".
Pienso que nadie debería ser considerado intocable sin preguntarle primero qué opina al respecto.
Hago lecturas ultrapositivas de situaciones que no lo son, y saco conclusiones prácticas que me empeño en que no tienen que ser dolorosas.
Parezco otra. Pero esta otra me cae muy bien, qué quieren que les diga.

Hermosa tarde

Un café con la Chica Casi Trilingüe que se convierte en otra cosa, pero en otra cosa mejor. Mejor porque pasan seis horas y podrían haber pasado otras seis. Disertar sobre Groenlandia, Salamanca, relaciones que acaban bien, relaciones que acaban mal, relaciones que simplemente no pasan, dinámicas de grupo, tácticas y estrategias, moral y ética, vida moderna, revisionismo, el eterno Foucault, canciones de Álex y Cristina...
Pensar en qué va a pasar cuando todo esto ya no esté pasando.
Pensar en cómo queremos que nos pase todo esto que de momento sigue vigente.
Oír que sí, contestar que no, creer que no, pero saber que sí. Y a la vuelta, indicaciones.
(Y yo misma no entenderé nunca esta frase cuando vuelva a leerla dentro de un mes).

2.1.10

Estamos fenomenal de lo nuestro

El año nuevo entra sin alardes, como de puntillas, como si no quisiera molestar. Empieza por quitarnos esa tormenta de la tarde, por hacer de los cajeros una excusa para reír y no un sitio que da miedo, por traer a los amigos desde lejos aunque sea en 2D, por hacer que todos seamos conscientes de la suerte que tenemos de estar juntos.
Una noche más tranquila pero mejor de lo que se nos habría ocurrido planear, abrazos y conversaciones además de brindis y bailes, romper con los discursos negativos, remolonear en lugar de ir a las comidas a las que no quieres ir, recuperar a los primos perdidos, una gran charla con la tía Becky, un apacible concierto y un entretenido postconcierto con la desoladoramente talentosa familia del Chico Escritor, y un ratito en Malaspina, y...
Cuando me quedo sola en el búho, pienso que Madriz es una ciudad realmente bonita en invierno. Y que este año y yo vamos a llevarnos bien.