11.4.08

Como el Getafe

Ayer, después de todo, fue un gran día. Uno no puede evitar que los alemanes no se rindan hasta el final, ni que los árbitros dejen de pitar cuando quedan tres minutos de prórroga, ni que durante tres días todo el mundo diga que merecieron pasar y luego sólo piensen en el próximo partido, en el que jugarán ellos, y no nosotros. Pero eso no resta mérito: fue un partidazo.
Y fue un partidazo levantarme a las mil, y confesar al psicólogo mi dieta nocillera, y echarle la culpa de estar de baja, y charlar con él una hora y salir convertida en una mejor persona, y contarle al Chico Cósmico por qué no plancho ni cuelgo el teléfono, y saber que hay más gente que confía en tus sueños, y aprender a oírtelos contar, y aprender a compartirlos, y otras muchas cosas.
Moralmente, hemos ganado.

Y hoy, será aún mejor. Con tarde de post-pro y noche planetera. Esto no hay quien lo pare!

9.4.08

Dormir...

Esto es una locura. Se supone que he vuelto a pedir la baja porque no podía más. Porque me comía las horas y los minutos se me comían a mí. Porque necesito descansar.
Pero tengo tantas cosas pendientes que no hay manera.
Hoy, al menos, he dormido. Pero luego he pasado la tarde poniendo en orden mi casa (dios, jubilación para las amas de casa YA), no he podido ir a baile porque coincidía con la hora del médico (ya es maldad), y mañana que tenía programada la tarde de orden mental y físico (psicólogo+fisio), me llaman del fisio para decirme que me cambian la hora, que a la una y media. Tengo que ir a Pontones a echar el rato para que mi señor psiquiatra se digne verme cinco minutitos en algún momento de este mes, y una bolsa de ropa que tengo que arreglar para dejar de verme cosiendo bajos en plan espídico los domingos por la noche. No tengo comida en casa.
Quiero una asistenta. O una mamá.
Y mañana tengo que entregar el trabajo para el que me he tenido que enfrentar a la mayor hoja de Excel jamás vista por el hombre, y en estos momentos, sinceramente, el sector de bebidas refrescantes me la trae total y absolutamente al pairo.

7.4.08

Y no pasa nada

Hace poco le decía al Chico Escritor que todo el mundo tiene derecho a darse cuenta, varias veces en la vida, de hasta qué punto es cretino, egocéntrico y no sé cuántas cosas más.
Pues es cierto.
Una no hace más que repetir losiento, y luego resulta que tal vez no haya nada que sentir, que, como dice la Chica Ángel, tan sabia, equivocarse es sano. Y que, como dice el Chico Escritor, tan dado a justificar lo que sea estéticamente justificable, tampoco pasa nada porque uno haga el imbécil. Sólo nos estábamos divirtiendo.
Lo de en medio, pues no lo recuerdo. Ni los lloros ni las angustias. Así que, fenomenal, en cierto modo.
Recuerdo unos ojos sucúbicos y recuerdo una copa de ron y whisky volcada en algún sitio, y recuerdo pintalabios en la cara, y el Chico Cósmico diciendo que estaba muy graciosa tan llena de besos, y ya está.
Somos jóvenes e inconscientes.
A mi hermana el pelo le queda fenomenal, acabo de recuperar una semana de huelga de brazos caídos, me he cosido el bajo de los pantalones, I'm ready to go.
Ya decidiré algo, en otro momento. Ahora no. Ahora dormir hecha un ovillo, que dicen que lo hago bien. ;)

6.4.08

La euforia parece una buena compañera de viaje, pero al final es como Paris en las Chicas Gilmore. Una influencia útil cuando lo que quieres es dejarte llevar, y una mosca cojonera cuando quieres realmente hacer algo de una forma diferente a lo que quiere ella.
La euforia es muy mala consejera.
Y tras la euforia viene la culpa, siempre.
Dormir en medio de una fiesta después de haber hecho por lo menos dos cosas mal.
Llegar a casa después de haber hecho otras dos cosas mal.
Llegar a majadalejos mil horas tarde por el sumatorio de las cosas que hiciste mal ayer y con la sensación de que si vuelves a ver un boquerón en vinagre vomitarás, el resto de tu vida.
La persona a la que más quiero en el mundo me llama y me pide cosas y no puedo responder como querría porque tengo una resaca que no puedo justificar.
Asúmelo, nena, la has cagado. Y no la has cagado como cuando la cagas en el curro y luego te duele la conciencia pero en realidad tienes un objetivo que sí, se te olvida, pero que existe y con el que estás siendo coherente.
La has cagado y esto no te ayuda así que deja de cagarla.
Dios, un domingo que empieza contigo misma echándote monsergas no puede terminar bien.

5.4.08

He hecho las paces con El Cuento

Pues ayer, al final y con todo, no fue un mal día. La Chica Sociable y yo tuvimos una conversación maravillosa sobre tabúes, prejuicios, y dificultades en las relaciones de pareja. La Mujer Víbora resulta no ser tan víbora cuando hablas con ella largo y tendido y descubres que, la pobre, se cree lo que dice al 100% y piensa en pajaritos. Y que, es más: es una filosofía de vida mucho mejor que la tuya, porque ella da palmas y le brillan los ojos y es feliz, al menos eso dice y eso parece. La Chica de Falsos Colores me hace volverme loca, querer ponerme el pelo naranja-alaska, agujerearme la nariz, e intentar ser escritora. El Becario Antiquísimo me recuerda que se acerca la temporada de festivales y que qué más se puede pedir. La Chica de las Sonrisas me ofrece su pienso para conejos, me abraza y dice que me quiere, y nos sinceramos y hablamos de vivir juntas y de dejar de vivir juntas y de muchos recuerdos acumulados, mi pequeña pareja de hecho. El Chico que Presta intenta convencerme de cosas de las que ya me he convencido y se siente aliviado al ver que, al menos, esta vez no creo que sea algo personal. El Chico Pequeño se descojona de la risa mientras aporta información confidencial que corrobora que no es nada personal. La Chica que Quiero ser de Mayor me devuelve el entusiasmo por el baile. Su novio y yo hablamos de Beck, y al final la Mujer Víbora y yo, de Los Planetas. Abrazos gigantes al Chico de la Guitarra. El enfado del Chico Cósmico, disuelto, y venga risas y cariño.
Y hoy ni siquiera tengo resaca.
Y voy a dejar el trabajo como muy tarde en junio. Es una promesa. Quiero vivir, y sé que si dejo esta empresa (o al menos este departamento) hacerlo será mucho más fácil.

4.4.08

Eutimia

Me toman prestadas frases como estoydescontenta, y en simultáneo cuelgo en el blog de mi empresa un artículo llamado "Sentir los colores" y hago un llamamiento al orgullo de pertenencia. Mi vida está tan llena de incoherencias como una noche en el Destino. Noches aquellas, las del Destino.
Intento frenéticamente pensar en supernochísimas, y luego me da miedo ir a las cañas con la gente del trabajo. Dejo de tomar las pastillas y me siento mejor, vuelvo a tomarlas y me siento peor. El Psicólogo pregunta por qué no dejar el trabajo. El Chico Escritor pregunta por mis ahorros, y ahora cualquiera puede despejar la incógnita y resolver la ecuación.
Estoy encarcelada. En una jaula de oro en la que no pasa nada si amanezco a la una y media, salvo el terrible dolor de conciencia y la obligación pesándome sobre los hombros, tendré que trabajar el fin de semana. La gente no contesta por el Messenger, pero por supuesto sí que escribe para dar órdenes sutiles que no quedan registradas en ninguna parte. Como el "La Jefa inabreviable me ha llamado y quiere que...". Como las cosas que surgen el viernes después de mediodía y deben estar resueltas el lunes antes de media mañana. Como tantas otras cosas.
Volver a la agenda, frenéticamente. Cancelar compromisos que son sustituidos por otros ladrones de tiempo. Echar de menos a la persona con la que vives, y luego pelearte con ella en cuanto que estáis juntos. El puto estrés. La puta rutina. Nos queremos a rabiar, no hay más que ver que luego nos llamemos tres veces para pedirnos disculpas mutuas y tiempo para nosotros. Pero el caso es que nunca estoy sola, siempre hay gente hablando en mi cabeza, y lo que dicen no me gusta.
Ayer, el Chico Escritor y yo estuvimos en un concierto terrible (quiero pensar que por el entorno) compartiendo penas. Es muy raro, eso. Quiero decir, para eso están los amigos, claro. Y esos ratos también se difrutan, por supuesto. Pero eso no quita para que sienta que si el Chico Escritor y yo estamos juntos es para ser cínicos, divertidos, interesantes, hiperactivos. Y no esta apatía y estas caras de pena que nos ponemos como si dijéramos sálvame pero sin ningún tipo de petición subyacente.
Ganas de algo indeterminado, como siempre. Proyectos creativos para el verano. Viajes en el calendario. Mil motivos para estar ahora en una terraza con un tinto de verano, y no en casa fumándome el enésimo cigarro y pensando en que debería echar el pijama a la lavadora.
Pero, señores, no se puede fingir que nada de esto ha pasado.
Casi me muero, ¿saben?
Y eso es jodidamente difícil de asumir.
Y cuando uno vuelve una y otra vez sobre el tema se da cuenta de que en cualquier momento las cosas pueden llevarle al mismo punto, y da mucho miedo saber que podría no tener la suerte de contarlo.
Y sólo quiero ser pequeña y tener una casa llena de estanterías con libros y jugar con los conejos que ahora están asilvestrados y no quieren saber nada de mí, y, joder, ser un poco feliz, un rato, sentirlo y no sólo saberlo. Estoy harta de decirme a mí misma soyfeliz y esperar a que me pase algo por dentro.

2.4.08

Ahora que todo va bien

Me meto un alprazolam en la boca, y me acuerdo del Chico Escritor. Por su "Quieres un ansiolítico?" post-llamada del Chico Ska y pre-comida con Nacho Vegas, y, por supuesto, por su "¿Era esto la vida? Bien, otra vez".
Qué asco de medicaciones.
Me he ido de la farmacia sin la píldora, porque me ha dado una súbita vergüenza pedirla sin receta, aunque ya sé que me la darían. Me he sentido tan politoxicómana que me he encontrado incluso mal, y he intentado escaparme sin pagar. Lo único bueno del cambio de hora es que aporta excusas para comportamientos que no son excusables.
Como la resistencia pasiva.
La semana pasada me pegué el mayor palo de mi vida laboral. El peor, con diferencia. Porque el primero no me lo esperaba pero era consciente de que en algún momento descubriría que el camino estaba minado. Pero este no sólo no me lo esperaba; tampoco me lo merecía.
No es el dinero, claro que no. Es la súbita conciencia de la arquía. Y no hablo de la caja de arquitectos. Hablo de cuando se vuelve meridianamente claro que existe un derecho consuetudinario a ser injusto. De cuando una descubre que no importa su biografía, que al final todo queda en lo mismo.

Naciste en 1984.
Naciste en 1984 y ya eres tan mayor que ni siquiera recuerdas cómo fue aquel concurso de Coca-Cola al que te llevó a participar el colegio. Naciste en 1984, y tu único recuerdo de la URSS es cuando tu padre quería obligarte a tirar aquel puzzle de gomaespuma que representaba un mapamundi de colores y era tan comestible como las estructuras arquitectónicas de los curris. Porque naciste en 1984 y querías ser un Fraggle, claro que sí, para vivir sin trabajar, dejar tus problemas, dar palmas, y vivir en un mundo frenopático.
[Inciso: a quien me diga qué significa en realidad frenopático le odiaré para siempre. Me encanta como palabra multiusos]
A lo que iba...
Naciste en 1984. El gran '92 de la economía española para ti fue el nacimiento de tu hermana, y ese olor fantástico impregnando las habitaciones de toda la casa y unos ojos enormes sobresaliendo del cuco. Naciste en 1984, y te reías del miedo al Efecto 2000 porque nunca creíste que fuera a pasar nada. Naciste en 1984, tuviste tu propio portátil con 8 años; con 6, hacías programas en Basic para narrar la vida de una especie de Barbapapá llamado Arturo.
Naciste en 1984 y has hecho un gran trabajo de campo en el ámbito sociológico del camarero madrileño; pero... naciste en 1984 y ellos siempre seguirán pensando que te engañaron.
Naciste en 1984 y a nadie le importa si has tirado o no tus zapatos por la ventana de un taxi. Naciste en 1984 y probablemente nunca vuelva a leer nadie la novela que escribiste en 1996. Naciste en 1984 y el mejor año de tu vida fue 1999. Naciste en 1984 y podías contar tus años con los chicos de los que estuviste enamorada.
Naciste en 1984, y has empezado tres carreras, pero no has acabado ninguna.
Naciste en 1984 y en 1997 te hiciste libre, y fue en inglés. Pero nunca te examinaste del Proficiency.
Naciste en 1984 y en 2002 encontraste tu propio hogar en un sexto piso en la calle Fuencarral.
Naciste en 1984. Fue el año que murió Cortázar. Y nadie nunca verá terminado Rayuela de cristal.
Naciste en 1984. En 2008, eres una madre de familia. La diferencia es que tus dos hijos tienen cuatro patas, orejas puntiagudas, e incisivos largos y únicos. Que en la mitad de tu casa hay que andar agachado. Que no tuviste tiempo de aprender a cocinar.
Naciste en 1984, y nada de lo que hagas en una oficina podrá cambiar ese hecho.

Y, miren por dónde. En realidad tampoco sé si me molesta.
Sólo me pone rara. No echo de menos las pastillas pero echo de menos tener una cabeza de turco. No las necesitaba, o eso creía, pero vuelvo a tomarlas.
No quiero trabajar diez horas al día, pero no puedo cerrar el ordenador.
Quiero una rueca y un montón de hilo y tejerme una túnica y llamarme Gandhi y tener la sensación de que simplemente diciendo "no" estoy haciendo algo.
No me la van a dar, no estoy cambiando el mundo. Así que me pongo la bata y me trago Los Serrano, y me voy a dormir con el firme convencimiento de que mañana todo será igual, y de que ni siquiera me atrevo a decir que estoy mal.
No estoy mal.
Estoy descontenta.
Y eso me da mucho más miedo.